Ejemplos ?
8 Y la voz que oí del cielo hablaba otra vez conmigo, y decía: Ve, y toma el librito abierto de la mano del ángel que está sobre el mar y sobre la tierra.
Cornelio, a ti, pues tú solías creer que son algo mis tonterías, ya entonces cuando osaste, único de los ítalos, el tiempo explicar en tres pliegos, doctos, Júpiter, y laboriosos. Por ello ten para ti este librito, sea cual sea y como sea; el cual, patrona Virgen, más dure, perenne, de un siglo.
El librito abundo en Lima hasta 1845, poco mas o menos, en que aparecieron ejemplares del Philidor, y era de obligada consulta allá en los días lejanisimos de mi pubertad, así como el Cecinarrica para los jugadores de damas.Hoy no se encuentra el Lima, ni por un ojo de la cara, ejemplar de ninguno de los dos viejisimos textos.
Ego Polibio es la firma bajo la cual se esconde un poeta que acaba de coleccionar cien picarescos sonetos, á los que llama Zanahorias y Remolachas, El librito es una panacea con- tra la tristeza, y como tal lo recomendamos á los caracteres melancólicos.
Y como ya lo he dicho, si los maestros no son dirigidos por lo menos durante tres años en la aplicación de “nuevos métodos” (la globalización tiene una antigüedad que se remonta a Quintiliano, ¡en el siglo I!, d.C., Comenio, Pestalozzi y a Decroly, éste en 1902), con una serie de seminarios de prácticas semanales, no sólo teóricos, donde como en un verdadero laboratorio pedagógico se les indique lo que deben hacer; descubran los obstáculos sobre la marcha; se hagan encuestas; se lleven seguimientos; se les dirija y se les dote de fundamentos psicopedagógicos y socioculturales para incrementar su creatividad didáctica, de nada servirá una reforma curricular más. Al final, cada maestro con su librito y ya.
«Cosas que debo olvidar», pondría uno encima; figúrese el lector si el tal librito necesitaría hojas, y si podría uno estar ocioso un solo instante, una vez comprometido a llenar sus páginas de buena fe.
Era éste el comandante Santalla, del cual refieren que tomaba el librito de las cuarenta hojas, vulgo naipe, lo partía por mitad y decía: «Esto lo hacen muchos».
Y si me prometieras leer... un librito de cocina que yo te mande, sería una cosa bonísima para ti y para mí. Pues nuestro camino en la vida va a ser duro en el primer momento, Dora -le dije, animándome-, y a nosotros toca el mejorarlo.
Y hay más; aquí creo que he de traer una apuntacioncita que he tenido la curiosidad de hacer de varios avisos; lean ustedes: «El lunes 8 del corriente, por la tarde, se perdió un librito encuadernado en papel de poesías alemanas, titulado Charitas.
El librito narraba muchos cuentos trabalingüísticos y en su introducción decía que como unos bravucones libreros no querían vender las increíbles obras de la brujita escritora y le cobraban comisiones muy caras para hacerlo, la brujilla un día puso crema de crisantemo en un broche para embrujarlos con un brebaje y los embruteció con sus fórmulas embrujadoras.
Según había leído en el precioso librito, llegaría en tres días hasta una montaña, no muy alta, y allí, en la cúspide encontraría una cueva donde se ocultaba la “sorpresa áurea”, como se decía en el capítulo uno.
Si los maestros no son dirigidos por lo menos durante tres años en la aplicación de “nuevos métodos” (la globalización tiene una antigüedad que se remonta a Comenio, Pestalozzi y a Decroly, éste en 1902), con una serie de reuniones semanales donde como en un verdadero laboratorio pedagógico se les indique lo que deben hacer, descubran los obstáculos sobre la marcha, se hagan encuestas, se lleven seguimientos, se les dirija y se les dote de fundamentos teórico-prácticos, de nada servirá un intento novo-educacional más. Al final, cada maestro con su librito y ya.