librepensador

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librepensador, a

adj. FILOSOFÍA Que es partidario de la razón y contrario a los dogmas. dogmático

librepensador, -ra

 
adj.-s. Partidario del librepensamiento.

librepensador, -ra

(liβɾepen'saðoɾ, -ɾa)
sustantivo masculino-femenino
que es adepto al pensamiento libre un librepensador solitario
Sinónimos

librepensador:

racionalista
Traducciones

librepensador

lliurepensador

librepensador

fritænker

librepensador

free thinker

librepensador

liberpensulo

librepensador

libero pensatore

librepensador

wolnomyśliciel

librepensador

SM/Ffreethinker
Ejemplos ?
En sus calumnias personales contra el Consejo General y en sus ataques anodinos contra la Internacional, han sido secundados por los sedicentes reformadores de todos los países: en Inglaterra, por los republicanos burgueses, cuyas intrigas ha frustrado el Consejo General; en Italia, por los librepensadores dogmáticos que...
Algunos de nuestros librepensadores no necesitan de canas ni de arrugas para retroceder hacia la mentalidad de abuelas y nodrizas: les basta un revés de fortuna, la muerte de una persona querida o el asalto de una enfermedad grave.
En vista de la libertad humana, de la dignidad humana y de la prosperidad humana, creemos deber quitar al cielo los bienes que ha robado a la tierra, para devolverlos a la tierra; mientras que esforzándose por cometer un nuevo latrocinio religiosamente heroico, ellos querrían al contrario, restituir de nuevo al cielo, a ese divino ladrón hoy desenmascarado -pasado a su vez a saco por la impiedad audaz y por el análisis científico de los librepensadores-, todo lo que la humanidad contiene de más grande, de más bello, de más noble.
Fué éste pueblo de teólogos cuidadosos en congruir los contrarios; teólogos todos, hasta los insurgentes, teólogos del revés los librepensadores.
Lo mismo sucedería con los masones peruanos; así que donde se tenga un gran maestre de Biblia y Gran Arquitecto se puede obtener un jesuita o un dominico. Lo volveremos a decir: tanto los librepensadores a la criolla como los masones bíblicos y deícolas, son curas al revés.
En resumen, casi todos los librepensadores nacionales vivieron pregonando las excelencias de la Razón y murieron acogiéndose a las supersticiones del Catolicismo: hubo en ellos dos hombres -el de las frases y el de los actos.
Aunque los librepensadores guarden fidelidad a su doctrina y armonicen las palabras con los actos, merecen una grave censura cuando eliminan las cuestiones sociales para vivir encastillados en la irreligiosidad agresiva y hasta en la clerofobia intransigente.
El librepensador que, llamándose a la neutralidad política, ve con indiferencia las iniquidades y los derroches de un gobierno tiránico, nos parece tan censurable como el estadista que, alegando la neutralidad religiosa, presencia con olímpica serenidad el predominio del clero y la difusión de las ideas ultramontanas. El librepensamiento no debe renunciar a la política por una razón: los políticos no se olvidan de los librepensadores.
No somos de esos librepensadores que no quieren que los demás piensen libremente, sino á condición de que han de pensar como ellos piensan; pero, en medio de nuestro genial espíritu de tolerancia, no transigimos con farsas absurdas como las excomuniones, con la tiranía que sobre la conciencia se ejerce eu el confesonario, con instituciones, como el jesuitis- mo, adversas al progreso social, y mucho menos con la sub- sistencia de esas asociaciones llamadas conventos de frailes y monjas, asociaciones que, en nuestros días, carecen de razón de ser.
Cuando no había en mi tierra la plaga de radicales, masones y librepensadores, cuando todos creíamos con la fe del carbonero, ni pizca de falta hacían los milagros, y los teníamos a granel o a boca qué quieres.
Quienes juzgan la Anarquía por el revólver de Bresci, el puñal de Caserio y las bombas de Ravachol no se distinguen de los librepensadores vulgares que valorizan el Cristianismo por las hogueras de la Inquisición y los mosquetazos de la Saint-Barthélemy.
Y cuenta que esos siglos no fueron de librepensadores como el actual, sino siglos cristianos de evangélico ascetismo y suntuosas procesiones; siglos, en fin, de fundaciones monásticas, de santos y de milagros.