librea

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librea

(Del fr. livree < livrer, entregar.)
1. s. f. INDUMENTARIA Y MODA Traje usado como uniforme de gala por algunos criados y empleados se vistieron con la librea para recibir al monarca.
2. Persona que lleva este traje de uniforme dos libreas guardaban la puerta del palacio.
3. ZOOLOGÍA Pelaje de los venados y otras reses o plumaje de ciertas aves.
4. HISTORIA Traje que usaban las cuadrillas de caballeros en las fiestas públicas.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

librea

 
f. Traje que ciertas personas o entidades dan a sus criados, por lo común uniforme y con distintivos.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

librea

livery

librea

assisa, livrea

librea

Livree

librea

livrée

librea

Libré

librea

livery

librea

Livree

librea

Livré

librea

A. SFlivery, uniform
B. SM (Cono Sur) → footman
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Los síndicos (que no eran perpetuos, sino empleados a sueldo) y los asesores. Luego los alguaciles, porteros y demás muchitanga, cerrando la marcha los pajes de los cabildantes con sus respectivas libreas.
Los realistas coligados integraban unos contra otros en la prensa, en Ems, en Claremont fuera del parlamento. Entre bastidores, volvían a vestir sus viejas libreas orleanistas y legitimistas y reanudaban sus viejos torneos.
¿Para qué trae tu mujer en sus orejas la hacienda de una casa rica? ¿Por qué das a tus criados tan costosas libreas? ¿Por qué has introducido que en tu casa sea ciencia el servir, haciendo que los aparadores se dispongan, no a caso, sino con arte?
Al inclinarse los criados para hacer su oficio, los mismos que se fijaban en las raras muñecas de las máscaras, repararon en que las libreas flotaban como vacías, y las manos de los servidores, bajo el guante, parecían manojos de palillos, sin mullido de carne alguna.
Presentóse el noble mozo Con impávida insolencia Al Tribunal, despachando Sus negocios con franqueza; Y sus vuelillos de encaje, Y sus hebillas con perlas, Y sus pajes ataviados Con magníficas libreas, Apagaron los murmullos E hicieron al fin domésticas Las voluntades agrestes De la turba descontenta.
«Realizó su intento -dice Lavalle- con grande escándalo de la aristocracia de Lima; recorrió las calles y la Alameda en una soberbia carroza cubierta de dorados y primorosas pinturas, arrastrada por cuatro mulas conducidas por postillones brillantemente vestidos con libreas galoneadas de plata, iguales a las de los lacayos que montaban en la zaga.
En los soberbios palacios músicas acordes suenan, a cuyo compás, gallardas lucen las damas sus prendas. Joyas, insignias, brocados, los ricos salones llenan, y plazas, calles, paseos, corceles, galas, libreas.
Sale el sol, inmenso pueblo las calles y plazas llena, ansiando nuevos placeres, y que aun no madruga piensa; alistan los cortesanos sus comparsas y libreas, joyas, armas, vestes, plumas, corceles, lanzas, empresas, cuando, demudado el rostro, de la alcoba de la reina sale trémula, llorosa, una camarista o dueña, y a los jefes de palacio, grandes y damas de cuenta, que a Su Majestad aguardan para ir a misa con ella, dice, inflexiones buscando que desfiguren la nueva: «La emperatriz hoy no sale; la emperatriz está enferma.» Pasma la noticia a todos, embarga a todos la lengua, y en un silencio profundo la estancia aterrada queda.
Volví a la mano izquierda y vi un acompañamiento tan reverendo, tanto coche, tanta carroza cargada de competencias al sol en humanas hermosuras, y gran cantidad de galas y libreas, lindos caballos, mucha gente de capa negra y muchos caballeros.
hace quince días..., hace tres semanas, yo estaba a11í!» Y poco a poco, las fisonomías se fueron confundiendo en su memoria, olvidó el aire de las contradanzas, no vio con tanta claridad las libreas y los salones; algunos detalles se le borraron, pero le quedó la añoranza.
Anegada en lágrimas de ternura, acompañó al Santo de los Santos, arrastrando por las calles sus encajes y brocados; y no queriendo profanar el carruaje que había sido purificado con la presencia de su Dios, regaló en el acto carruaje y tiros, lacayos y libreas a la parroquia de San Lázaro».
La noticia que en voz baja anunció la camarera, creció al punto, y como trueno que al orbe asombra y aterra, ya por Toledo retumba, helando a todos las venas, partiendo los corazones, trastornando las cabezas. Desaparecen las galas, recógense las libreas, murmullo de horror circula, clamor de angustia resuena.