letrilla


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letrilla

1. s. f. POESÍA Composición poética de versos cortos a la que se suele poner música.
2. POESÍA Composición poética dividida en estrofas, con un estribillo breve que recoge el pensamiento general de la composición, y que se repite después de cada estrofa.

letrilla

 
f. Composición poética de versos cortos que suele ponerse en música.
lit. Composición poética de arte menor en la que, al final de cada estrofa, se repite un mismo pensamiento, expresado en un estribillo.
Sinónimos
Ejemplos ?
Su frente lo forma la doble reja, de la que avanzan agudos hierros en punta, como lanzas; llegando a la memoria cuando las monjas de Beas cantaban una letrilla mística, -liras en loor a los trabajos- para deleitar a San Juan de la Cruz, el cuerpo de éste, aún sujetándose con sus manos a los barrotes del enrejado, se elevaba en un arrebato de sus éxtasis.
Por otra parte, debemos decir que a Vicente Turnes le es atribuida la anónima Letrilla aos rexios desposorios de S.M., datada en 1829.
El gavilán volando, o sea, el tribunal de los descontentos y mártires casados. Madrid, 1820. Letrilla política, Madrid, 1820. El Mochuelo Literario, Madrid, 1820, diez números.
(Fray Luis de León) 3.-Hermana Marica... Romancillo. (Luis de Góngora y Argote) 4.-Ándeme yo caliente... Letrilla. (Luis de Góngora y Argote) 5.-Poderoso caballero...
De entonces data la letrilla que los españoles difundieron desde su campamento situado a poca distancia de Lima, en la que se burlaban del Congreso: Tras este desastre militar, la Junta de Gobierno y el Congreso quedaron tremendamente desacreditados ante la opinión pública.
De todo el armatoste pindárico y anacreóntico, de toda la manera de nuestros viejos poetas no se ha salvado más que la letrilla, y ésa porque la ha sacado entre sus brazos disfrazada con atavíos políticos uno de nuestros modernos poetas, ni más ni menos que sacaba Eneas sus penates en hombros de la devastación de Troya.
Tras el testamento añade una letrilla a la Inmaculada Concepción dividida en nueve estrofas simétricas de 7 versos al final de las cuales se repite siempre un mismo pensamiento: “bien lo fé, pero yo me lo callaré”.
Cuando el sol mueve el inflamado carro por dar sitio a la noche en que descuelga la sombra entre los montes fría y lenta, el labrador avaro el útil cuelga, y con letrilla y son rudo y bizarro todo cuidado de su pecho ahuyenta; y a la mesa presenta vianda pobre y compota, igual a esa bellota que el mundo ensalza hoy huyendo ahora.
Con la misma pluma con que escri- biera, en 1807, el elogio universitario de Abascal; en 1812, el discurso contra los insurgentes del Alto-Perú; en 1816, el elo- gio del virrey Pezuela; y en 1819, la oración fúnebre por los prisioneros realistas en la Punta de San Luis, producciones todas de subido mérito literario; con esa misma pluma, repe- timos, escribió, en 1824, el sermón por los patriotas que mu- rieron en la batalla de Junín; el elogio académico de Bolívar, en 1826; el bellísimo artículo crítico titulado El Fmilico, en que puse al Libertador como ropa de pascua, y la tan popu- lar letrilla Sucre, en el año veintiocho, irse á su tierra promete...
Los demás todos hacemos destellos, rasgos y fragmentos, como gente ocupada y que está de prisa, como quien piensa, de paso que hace otra cosa: al poeta antiguo que comenzaba por poner el título a lo que había de ser, se le veía sentarse a su bufete y parir largamente un meditado plan con toda intención y culpabilidad si salía malo. Y llamaba aquello que había hecho «oda», «letrilla», «anacreóntica», etc., etc.
Hasta un fraile de Santo Domingo -fraile había de ser- compuso una pésima letrilla que anduvo de mano en mano por todo Lima, con el siguiente estribillo: «al virrey de los pepinos le han cortado el revesino».
Ésta es una letrilla que enseña mucho, y ella os hará ver por qué los viejos no desean nunca la muerte, encontrándose, por el contrario, más apegados a la existencia.