leño


También se encuentra en: Sinónimos.

leño

(Del lat. lignum, madero.)
1. s. m. Tronco o rama gruesa de un árbol, cortado y limpio de ramaje echa un leño al fuego.
2. Madera de árbol.
3. adj./ s. m. coloquial Se aplica a la persona que tiene poco talento, o que es torpe o simple le cuesta entender las cosas porque es un poco leño. tarugo, zoquete
4. s. m. BOTÁNICA Tejido vegetal encargado de conducir la savia bruta desde la raíz a las hojas.
5. literario Barco, embarcación.
6. NÁUTICA Barco medieval, de vela y remo, que se usó en aguas mediterráneas .
7. leño hediondo BOTÁNICA Hediondo, arbusto leguminoso que despide un olor desagradable.
8. dormir como un leño coloquial Dormir profundamente estaba tan cansada que dormí como un leño.

leño

 
m. bot. Parte más consistente del tallo de los vegetales.
En las plantas superiores, el conjunto de tejidos conductores lignificados.
Conjunto de tejidos de los tallos y raíces que presentan crecimiento secundario y se forman hacia dentro por actividad del cambium.
Trozo de árbol cortado y limpio de ramas.
fig.poét. Embarcación.
Persona de poco talento y habilidad.

leño

('leɲo)
sustantivo masculino
1. trozo de árbol después de cortado y limpio de ramas tallar un leño
dormir de manera muy profunda El sedante que me diste me hizo dormir como un leño.
2. persona de poca habilidad Eres un leño para los deportes.
Sinónimos

leño

sustantivo masculino

leño:

postemadera, tronco, madero, toza, rama, tarugo, traviesa,
Traducciones

leño

log

leño

سجل

leño

日志

leño

日誌

leño

Log

leño

ログ

leño

SM
1. (= tronco) → log, lumber (EEUU)
dormir como un leñoto sleep like a log
hacer leño del árbol caídoto kick sb when he's down
2. (= zoquete) → dolt, blockhead
Ejemplos ?
Ténganse su tesoro los que de un flaco leño se confían: no es mío ver al lloro de los que desconfían cuando el cierzo y el ábrego porfían.
31. Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?» 32. Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él.
Toda pasión, toda vida, toda excelsitud pasada, desde la cumbre sagrada quería ser comprendida… Y como la palma erguida sobre la mutable arena, presidiendo aquella escena con dulce, con noble ceño, yacía Cristo en su leño ¡cual una blanca azucena!
Aspero saco, erizado por dentro de sutiles puntas, encubre sus encantos y se clava en sus carnes; se distienden sus miembros, medio dislocados, crujen sus huesos; pies y manos se atrincan contra el leño por cordeles de esparto; corona semejante a la de Cristo ciñe sus cabezas; corre la sangre por sus frentes, de sus poros salta el sudor de la fatiga y del suplicio.
Dando el huésped licencia para ello, Recurren no a las redes que, mayores, Mucho océano y pocas aguas prenden, Sino a las que ambiciosas menos penden, Laberinto nudoso de marino. Dédalo, si de leño no, de lino, Fábrica escrupulosa, y aunque incierta, Siempre murada, pero siempre abierta.
A través de la apretada rejilla, parecíale que los trágicos personajes del poema de la Pasión no estaban ya en sus andas, sino en el suelo muy cerca de él, tocando con las murallas de leño de su guarida.
Cada arte tiene, como es natural, un duende de modo y forma distinta, pero todos unen raíces en un punto de donde manan los sonidos negros de Manuel Torres, materia última y fondo común incontrolable y estremecido de leño, son, tela y vocablo.
Los senos ocupó del mayor leño La marítima tropa, Usando al entrar todos Cuantos les enseñó corteses modos En la lengua del agua ruda escuela, Con nuestro forastero, que la popa Del canoro escogió bajel pequeño.
Del siempre en la montaña opuesto pino 15 al enemigo Noto, piadoso miembro roto, breve tabla, delfín no fue pequeño al inconsiderado peregrino, que a una Libia de ondas su camino 20 fió, y su vida a un leño.
Cuando su boga decae, la reanima con algún escándalo ligero; un escándalo es para la fama y la fortuna del calavera un leño seco en la lumbre; una hermosa ligeramente comprometida, un marido batido en duelo son sus despachos y su pasaporte; todas le obsequian, le pretenden, se le disputan.
23 Furio, que ni siervo tienes ni arca, ni chinche ni araña ni fuego, pero tienes padre y también madrastra, cuyos dientes bien un pedernal comerse pueden: te va pulcramente a ti con tu padre y con el leño de esposa de tu padre.
Pues, señor, es el caso que, Dios sabe cómo, el leño de mi cuento fue a parar cierto día al taller de un viejo carpintero, cuyo nombre era maestro Antonio, pero al cual llamaba todo el mundo maestro Cereza, porque la punta de su nariz, siempre colorada y reluciente, parecía una cereza madura.