Ejemplos ?
Pero en las invasiones de los bárbaros se han salvado siempre las larvas de aquellos valores permanentes que ya se contenían en la edad clásica anterior.
He encontrado en medio de la campiña desolada, entre los escombros de un mundo que fue, tumbas cuyo mármol, moldeado por el cincel del artista, eterniza el pensamiento de los que vivieron y sufrieron cuando nosotros y cien generaciones anteriores a nosotros éramos inciertas larvas en la penumbra del amanecer de futuros siglos...
En aquel corazón donde antes pulularan larvas, cizaña, flores de envenenados efluvios, brotaba poco a poco, como a influjo de mágica primavera, una eflorescencia de dulces, de elevados sentimientos.
- Silfos invisibles, dejad el cáliz de los entreabiertos lirios y venid en vuestros carros de nácar, a los que vuelan unidas las mariposas. - Larvas de las fuentes, abandonad el lecho de musgo y caed sobre nosotras en menuda lluvia de perlas.
Aquella cola poderosa batía los profundos algares, y en el verdoso espacio flotaban arremolinados los pardos hierbajos, mientras que las larvas, las indefinibles mucosidades que vivían misteriosamente en el seno de los estercoleros submarinos, salían escapadas, huyendo del brutal azote.
Matan para el bien de la vida que sienten germinar en su muerte próxima, arañas y larvas: como quien dice tiranos e inútiles, quizá inocentes, siempre detestables.
¡Y he visto los niños, los niños que mueren por millares bajo el clima más sano del mundo, los niños esqueletos, de vientre monstruoso, los niños arrugados, que no ríen ni lloran, las larvas del silencio!
Ya ve cuán lejos estamos de la fábula ofensiva para la moral y la verdad, y cómo se transforman radicalmente los caracteres de sus protagonistas. Cuando la primavera empieza á caldear el suelo, se animan las larvas que depositaron las cigarras muertas en el año anterior.
Reunidos en enjambres, nos repartimos en diferentes avisperos: unos vamos a juzgar con el Arconte; otros, al Odeón; otros con los Once; y otros pegados a la pa­red, con la cabeza baja y sin moverse apenas, nos pare­cemos a las larvas encerradas en su capullo.
Nadie muere de hambre, sólo los irredentos. Quienes han asesinado, se han degradado y han involucionado a ser larvas e insectos. Los dictadores que ha habido en tu mundo ni a eso han llegado.
Es el destino de los discípulos que sobreviven a los maestros. Quedan acá, a manera de larvas, para asustar a la gente menuda. Muere el soñador inspirado y quedan los discípulos alicortos que hacen de la poética idealidad del sublime vidente una causa más del miedo, una tristeza más para el mundo, una superstición que se petrifica.
Eran los envidiosos los peores enemigos de toda la sociedad, pero como los fi-ti-ho, las larvas del cerezo, sólo podían morder la cañas porque sus dientes eran impotentes para penetrar en la madera fina de los árboles nobles, que embellecen con su copudo ramaje, los valles multicolores y perfumados que extienden, no sólo en la gran aldea de Siké sino en todo el inmenso territorio de la China, desde las heladas regiones de la Manchuria, hasta los cielos tropicales y pantanosos de Yunnan, donde florecen los lotos, a la primera sonrisa luminosa de la dulce primavera naciente...