Ejemplos ?
Te creo, ¡oh, luna!, mi amiga, y hasta que mi bien consiga cifraré en ti mi fortuna. No me importa que se diga que estoy ladrando a la luna.
Corrió alrededor de la sala, ahora aquí, ahora allí, ladrando en voz alta, pero todavía Dorothy estaba en el suelo y esperó para ver lo que sucedería.
Ninguno de los nombrados se hallaba presente. Aprovechando ese momento, el perro viejo salió ladrando cual si estuviera en sus mejores tiempos de joven.
Una iguana o un enorme sapo se escurría por entre sus brazos y sus cabellos,asustando los perros, que luego lo perseguían ladrando.
¡Ay ay! Que salvajemente ladrando al país como un perro, alardeas lleno de vanagloria. Que el gran Nilo que ve tu in­solencia aparte tu inaudita soberbia.
Por el norte del patio avanzaba solo el caballo en que había ido el peón. Los perros se arquearon sobre las patas, ladrando con furia a la Muerte, que se acercaba.
Para traerlas al rodeo, era todo un trabajo; parecía que si bien los gritos las hacían disparar, era para el lado opuesto; y se cansaban los caballos galopando y los perros ladrando, para sacar de las pajas a las vacas empacadas.
Dos minutos permaneció el pescuezo del animal bajo la presión del garrote, transcurridos los cuales se dio la contravuelta y el perro echó a correr ladrando furiosamente.
Pasaba sus brazos alrededor de mi cuello y reía a lo largo del camino como si hubiera sido una apuesta. Jip nos precedía ladrando y se detenía sofocado en el descansillo para ver si llegábamos.
«Entré asimismo otra noche en casa de una señora principal, la cual tenía en los brazos una perrilla destas que llaman de falda, tan pequeña que la pudiera esconder en el seno; la cual, cuando me vio, saltó de los brazos de su señora y arremetió a mí ladrando, y con tan gran denuedo, que no paró hasta morderme de una pierna.
-No le dirigiré la palabra -dijo Dora a mi tía sacudiendo los rizos-. Estaré insoportable. Haré que Jip le esté ladrando todo el día. Si no va usted, me convenceré de que es una vieja gruñona.
El mastín de la hacienda estaba sentado al sol, orgulloso de su perrera y ladrando a todos los que pasaban; cuando llueve se mete en la casita, donde se tumba, seco y caliente.