lacedemonio

(redireccionado de lacedemonios)
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lacedemonio, a

1. adj. HISTORIA De Lacedemonia o Esparta, región de la antigua Grecia, en la península del Peloponeso.
2. s. HISTORIA Persona natural de esta antigua región.
NOTA: También se escribe: lacedemón
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

lacedemonio -nia

 
adj.-s. Espartano.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
La Guerra contra Nabis se decretó con la sola oposición de la etolios y después de recibir refuerzos de los aqueos, el propio Filipo, Eumenes de Pérgamo, y los rodios, Flaminino marchó a Argos, donde la guarnición de los lacedemonios estaba al mando de Pitágoras, un cuñado de Nabis.
Sócrates Los lacedemonios, sea que hayan imitado a este poeta, o que por sí mismos hayan descubierto esta verdad, hacen todos los días en público y en particular una oración semejante: piden a los dioses que les dé lo bueno con lo útil; nunca les oirá nadie pedir más.
Estando los atenienses en guerra con los lacedemonios, sucedió que aquellos fueron siempre vencidos en todos los combates que tuvieron lugar por mar y tierra, sin poder conseguir jamás la superioridad.
Los lacedemonios, por el contrario, añadían, no se toman ninguno de estos cuidados; son tan avaros para con sus dioses, que les ofrecen siempre víctimas mutiladas, y hacen mucho menos gasto que los atenienses en todo lo concerniente a la religión, aun cuando no son menos ricos.
Luego que hubieron hablado de esta manera y preguntado cómo podrían librarse de los males que afligían a su ciudad, el profeta por toda respuesta (el dios sin duda no permitía otra), dijo al enviado: He aquí lo que Ammon responde a los atenienses: «que estima más las bendiciones de los lacedemonios que todos los sacrificios de los atenienses.» El profeta no dijo más.
Por estas bendiciones de los lacedemonios entendía, a mi juicio, sus oraciones, que en efecto difieren de las de los demás pueblos; porque todos los otros griegos, ya ofrezcan toros con sus cuernos dorados, o ya consagren ricas ofrendas, piden en sus oraciones todo lo que les sugieren las pasiones, sin averiguar si son bienes o males.
Una maldita pera silvestre me obstruye la salida. EL HOMBRE.-Será la misma que se le atravesó a Trasíbulo cuando aquello de los Lacedemonios.
¿Quieres echar una mirada sobre la templanza de los lacedemonios, su modestia, su desembarazo, su dulzura, su magnanimidad, su igualdad de espíritu en todos los accidentes de la vida, sobre su valor, su firmeza, su paciencia en los trabajos, su noble emulación, su amor a la gloria?
Si quieres que miremos a las riquezas, porque creas tener por este lado alguna ventaja, voy a hablarte de ellas para hacerte conocer quién eres tú. No hay ninguna comparación entre nosotros y los lacedemonios, pues son ellos infinitamente más ricos.
Que si los dioses tuvieran algún cuidado de la justicia, de su mano debieran recibir los romanos leyes para vivir, antes que pedirlas prestadas a otras naciones Si pudieran los romanos haber obtenido de sus dioses leyes para vivir y gobernarse, no hubieran ido algunos años después de la fundación de Roma a pedir a los atenienses que les prestasen las leyes de Solón, aunque de éstas tampoco usaron del modo que las hallaron escritas, sino que procuraron corregirlas y mejorarlas conforme a sus usos; no obstante que Licurgo fingió había dispuesto que las leyes que dio a los lacedemonios con autoridad del oráculo de Apolo...
Pero si la riqueza de los lacedemonios aparece tan grande cotejada con la del resto de la Grecia, no es nada para con la del rey de Persia.
Según ellos un hombre no representa al Estado más que lo que gasta en él; de suerte, que un sibarita valdría bien por treinta lacedemonios.