laúd


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laúd

(Del ár. al'ud, madera.)
1. s. m. MÚSICA Instrumento musical de cuerdas pulsadas, con mástil, de grandes dimensiones, con la tapa de forma oval, el reverso abombado y el clavijero doblado hacia atrás.
2. ZOOLOGÍA Tortuga marina con siete líneas salientes a lo largo del caparazón, semejantes a las cuerdas de este instrumento musical.
3. NÁUTICA Embarcación pequeña de vela latina.
NOTA: Nombre científico: (Dermochelys coriacea.)

laúd

 
m. mar. Embarcación pequeña de vela.
mús. Ant. instrumento músico de cuerda, de caja cóncava en su parte inferior, que se toca pulsando las cuerdas.
zool. Tortuga marina (Dermochelys coriacea), de concha coriácea y con siete líneas salientes a lo largo del carapacho, que se asemejan a las cuerdas del laúd.

laúd

(la'uð)
sustantivo masculino
1. música instrumento de cuerdas parecido a una guitarra El laúd tiene una caja ovalada y cóncava.
2. náutica velero pequeño con uno o dos palos El laúd es típico del Mediterráneo.
Sinónimos
Traducciones

laúd

lute

laúd

luth

laúd

Laute

laúd

luit

laúd

alaúde

laúd

Lutnia

laúd

Лютня

laúd

琵琶

laúd

琵琶

laúd

loutna

laúd

Lut

laúd

luta

laúd

SM (Mús) → lute
Ejemplos ?
¡Patria!… no sé si en mi ausencia la calumnia me ha mordido: yo vuelvo como he partido, hijo leal para ti. Maestro en la gaya ciencia, de los pueblos con asombro, solo, y el laúd al hombro, tu gloria a cantar me fuí.
¡Oh princesa divina de crepúsculo rojo, Con la rueca de hierro y de acero lo hilado! Nunca tuviste el nido, ni el madrigal doliente, Ni el laúd juglaresco que solloza lejano.
Sócrates: No has visto, me figuro, a nadie, sea con relación al arte de tocar la flauta o el laúd, o de acompañar con el laúd al canto, o sea con relación a la rapsodia, que esté en estado de pronunciar su juicio sobre el mérito de Olimpo de Tamiras, de Orfeo y de Femius, el rapsodista de Itaca, y que tratándose de juzgar del mérito de Ion de Efeso, se viese en el mayor embarazo, y se considerase incapaz de decidir, en qué es bueno o mal rapsodista.
Sócrates: En igual forma, si conocieses los que tocan bien el laúd, ¿no confesarías que este discernimiento le hacías como tocador de laúd y no como picador?
Sócrates: Quizá, Ion, estás versado en el arte de mandar la tropa. En efecto, si fueses a la vez buen picador y buen tocador de laúd, distinguirías los caballos que tienen buena o mala marcha.
Al cerrar la noche, salió de Torrevieja el laúd San Rafael, con cargamento de sal para Gibraltar. La cala iba atestada, y sobre cubierta amontonábanse los sacos, formando una montaña en torno del palo mayor.
II Serena la luna alumbra en el cielo, domina en el suelo profunda quietud; ni voces se escuchan, ni ronco ladrido, ni tierno quejido de amante laúd.
¡Adiós, ciudad bendita, por mi laúd cantada; adiós, pueblos que a oírme, de mí venís en pos; adiós, hijos bizarros de la ciudad sagrada; adiós, hijas alegres de la gentil Granada!… Quien de la nada vino se vuelve ya a la nada; voy por mis viejos versos a que me juzgue Dios.
Quedó en el timón el tío Chispas, un tiburón desdentado, que acogió con gruñidos de impaciencia las últimas indicaciones del patrón, y junto a él su protegido Juanillo, un novato que hacía en el San Rafael su primer viaje, y le estaba muy agradecido al viejo, pues gracias a él había entrado en la tripulación, matando así su hambre, que no era poca. El mísero laúd antojábasele al muchacho un navío almirante, un buque encantado, navegando por el mar de la abundancia.
Pero si yo te preguntase mediante qué arte conoces los caballos que marchan bien, si por tu cualidad de picador o por la de tocador de laúd, ¿qué me responderías?
trueca en rayos de plata. Callad ya, sonoras trovas. Laúd, permanece mudo. Morid, risas, con que necio la orfandad del alma insulto.
Y así, lo que el amor no pudo hacer, hizo este temor de perder su crédito, y aunque batallando su vergüenza con su amor, se resolvió a volver por sí, como lo hizo, pues abriendo la ventana le dijo, viéndole cerca, con la voz baja por no ser sentida: —Milagro fuera, señor don Diego, que siendo amante no fuerais celoso, pues jamás se halló amor sin celos ni celos sin amor; mas son los que tenéis tan falsos que me han obligado a lo que jamás pensé, porque siento mucho ver mi fama en lenguas de la poesía y en las cuerdas de ese laúd; y lo que peor es, en la boca de ese músico que, siendo criado, será fuerza ser enemigo.