lúcido

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lúcido, a

(Del lat. lucidus, brillante.)
1. adj. Que es capaz de razonar y comprender con claridad y rapidez o que constituye un período en que se está así tiene la mente lúcida; en su demencia pasó por momentos lúcidos. perspicaz, sagaz
2. Que es claro e inteligible presentó un escrito muy lúcido .
3. literario Que resplandece.

lúcido, -da

 
adj. Claro en el razonamiento o en las expresiones.

lúcido, -da

('luθiðo, -ða)
abreviación
1. persona que es claro y veloz de pensamiento un estudiante lúcido
2. persona ido que tiene las facultades mentales en buen estado una anciana muy lúcida
3. característica que es propia de las personas lúcidas Dio una lúcida demostración de su teoría.
Traducciones

lúcido

lucid

lúcido

lucide

lúcido

lúcido

lúcido

Lucid

lúcido

맑은

lúcido

ADJ
1. [persona] ser/estar lúcidoto be lucid
2. [observación, comentario, análisis] → lucid
Ejemplos ?
Oh si bajo estos árboles frondosos se mostrase la célica hermosura que vi algún día de inmortal dulzura este bosque bañar!. Del cielo tu benéfico descenso sin duda ha sido, lúcida belleza; deja, pues, diosa, que mi grato incienso arda sobre tu altar.
De bueno no heredé nada, como puede imaginar, ni la condición ni las circunstancias. Apenas me aconteció tener una inteligencia naturalmente lúcida y una voluntad un tanto más fuerte.
Menos aún cuando se sabe parte de un continente asediado por las dictaduras y de una época en que la autonomía de los pueblos y la dignidad de los hombres se gana únicamente con la lúcida y tenaz determinación de ser libre.
Baste señalar que el introductor del comtismo en México, Gabino Barreda, varió incluso el consagrado lema de “Amor, Orden y Progreso”, por el de “Libertad, Orden y Progreso”, en su célebre “Oración cívica” de 1867, discurso que lo elevó a los primeros planos de la política nacional por la lúcida argumentación con que pretendió demostrar la acción de la ley del progreso en la historia mexicana, la inevitabilidad del triunfo liberal, consumado ese año, y el prometedor futuro que se abría ante la nación azteca.
Vestida de luto eres, Nuestra Señora de la Soledad, Un triángulo sombrío Que preside la lúcida neblina Del valle; la arboleda que se arropa De las cocinas en el humo lento; La familiaridad de las montañas; El caserío de estallante cal; El bienestar oscuro del rebaño, Y la dicha radiante de los hombres.
Venían en extremo muy desvergonzados, en cuatro escuadrones, de la gente más lúcida e bien dispuesta de indios que se ha visto en estas partes, e más bien armada de pescuezos de carneros y ovejas y cueros de lobos marinos, crudíos, de infinitas colores, que era en extremo cosa muy vistosa, y grandes penachos, todos con celadas de aquellos cueros, a manera de bonetes grandes de clérigos, que no hay hacha de armas, por acerada que sea, que haga daño al que las trajere, con mucha flechería y lanzas a veinte e a veinte e cinco palmos, y mazas y garrotes; no pelean con piedras.
Son las charlas interminables de las tres de la madrugada, las charlas de los hombres que, sintiendo cansado el cuerpo, analizan los hechos del día con esa especie de fiebre lúcida y sin temperatura, que en la vigilia deja en las ideas una lucidez de delirio.
La joven fijó sus ojos en el cielo pensando en las últimas palabras de su madre, que, semejante a muchas moribundas, había dirigido una penetrante y lúcida mirada al porvenir, y después, Eugenia, recordando aquella muerte y aquella vida proféticas, abarcó con una mirada todo su porvenir.
Húndase toda en la divina fuente y, del vital licor humedecida, sálgase a ver del tiempo en la corriente: veráse como línea producida del punto eterno, en el mortal sujeto bajada a gobernar la humana vida dentro la cárcel del corpóreo afeto, hecha horizonte allí deste alterable mundo y del otro puro y sin defeto; donde, a su fin únicamente amable vuelta, conozca dél ser tan dichosa forma gentil de vida indeclinable, y sienta que la mano dadivosa de Dios cosas crïo tantas y tales, hasta la más süez, mínima cosa, sin que las calidades principales, los cielos con su lúcida belleza...
Muy orondo vivía con semejantes esperanzas Santiago Elviña. Nunca había tenido tanta ni tan lúcida parroquia. Toda la oficialidad de la guarnición puede decirse que se surtía allí, en términos que fue preciso tomar aprendices y velar muchas noches hasta las doce y la una.
Las últimas palabras fueron dichas sin que las acompañase ningún ademán agresivo, pero con un tono que heló la sangre de Antonia. Sin embargo, su primer estupor se convertía en fiebre, la fiebre lúcida del instinto de conservación.
Pero Madame Bovary no tenía todavía la mente bastante lúcida para dedicarse seriamente a cosa alguna; por otra parte, emprendió estas lecturas con demasiada precipitación.