lápida


También se encuentra en: Sinónimos.

lápida

(Del lat. lapis, -idis, piedra.)
s. f. Losa con una inscripción en la que se conmemora un hecho o se recuerda a una persona dejé unas flores sobre la lápida de su tumba.

lápida

 
f. Piedra llana en que ordinariamente se pone una inscripción.

lápida

('lapiða)
sustantivo femenino
piedra llana en que se coloca alguna inscripción conmemorativa una lápida mortuoria
Sinónimos

lápida

sustantivo femenino

lápida:

losaestela, tumba, mármol,
Traducciones

lápida

Grabstein, Leichenstein

lápida

Grafsteen

lápida

Nagrobek

lápida

náhrobní kámen

lápida

gravsten

lápida

hautakivi

lápida

nadgrobna ploča

lápida

墓石

lápida

묘비

lápida

gravsten

lápida

หินสลักหน้าหลุมฝังศพ

lápida

bia mộ

lápida

墓碑

lápida

SFgravestone, tombstone
lápida conmemorativacommemorative stone plaque
lápida mortuoriatombstone, gravestone
lápida muralstone plaque let into a wall
lápida sepulcraltombstone
Ejemplos ?
Su entierro se realizó el mismo día en el Cementerio General. Al cumplirse el año sus amigos le dedicaron una hermosa lápida de mármol.
no sé cuántos, perecieron allí con el mismo valor y el mismo patriotismo que los más renombrados mártires de la guerra. Zutano y el otro, el capitán aquél, merecen estatuas; letras de oro en una lápida del Congreso...
¿O acaso le ha referido usted ya algún chismoso, que le he puesto en la sepultura una gran lápida con sus títulos de Generala y de Condesa?
El terreno fue sembrado de sal, demolidas las paredes interiores, y en la esquina de la última se colocó una lápida de bronce con una inscripción de infamia para la memoria del propietario.
VII Lo que siente el árbol seco por el pájaro que cruza cuando plegando las alas baja hasta sus ramas mustias, y con sus cantos alegra las horas de su amargura; lo que siente por el día la desolación nocturna que en medio de sus angustias, ve asomar con la mañana de sus esperanzas una; lo que sienten los sepulcros por la mano buena y pura que solamente obligada por la piedad que la impulsa, riega de flores y de hojas la blanca lápida muda, eso es al amarte mi alma lo que siente por la tuya, que has bajado hasta mi invierno, que has surgido entre mi angustia y que has regado de flores la soledad de mi tumba.
Mi alma ha tenido que luchar tanto para, una vez vuelta a este mundo, encontrar su cuerpo y poseerlo de nuevo... ¡Cuánta fuerza necesité para levantar la lápida que me cubría!
odo el fervor del neófito y toda la devoción del seide hacían temblar mi mano cuando la puse en el llamador de la casa del ilustre Sofías, señalada con una lápida de honor, y donde continuaba residiendo su viuda.
Esta lápida, que nuestros lectores pueden examinar para convencerse de que, al copiarla, hemos cuidado de conservar hasta las extravagancias ortográficas, se encuentra hoy incrustada en una de las paredes del salón de la Biblioteca Nacional.
Era una niña rubia, blanca y pálida como esa rosa; el señor no permite que nadie se aproxime ahí ni para quitar una hoja seca, sólo lo puede tocar él. Si estuvieseis dentro del jardín, veríais que al otro lado del rosal hay una lápida en la que se lee el nombre de la niña: Rosa.
Encargado del manejo de esa puerta, pasaba las horas interminables de su encierro sumergido en un ensimismamiento doloroso, abrumado por aquella lápida enorme que abogó para siempre en él la inquieta y grácil movilidad de la infancia, cuyos sufrimientos dejan en el alma que los comprende una amargura infinita y un sentimiento de execración acerbo por el egoísmo y la cobardía humanos.
Una de esas noches, como nuestros pasos nos hubieran llevado a la vista del cementerio, sentimos curiosidad de ver el sitio en que yacía bajo tierra lo que habíamos sido. Entramos en el vasto recinto y nos detuvimos ante un trozo de tierra sombría, donde brillaba una lápida de mármol.
Pero si nuestro amor fue un día capaz de elevarse sobre nuestros cuerpos envenenados, y logró vivir tres meses en la alucinación de un idilio, tal vez ellos, urna primitiva y esencial de ese amor, hayan resistido a las contingencias vulgares, y nos aguarden. De pie sobre la lápida, Luis y yo nos miramos larga y libremente ya.