Ejemplos ?
Las damas lucían dominós de gro y moaré, con encajes, y la capucha que cubría su cabeza era de anticuada forma; los caballeros también vestían capuchones negros, de rico raso, con lazos de colores en los hombros. Los pliegues de los disfraces caían lánguidos sobre los cuerpos de los enmascarados, como si estuviesen colgados de una percha.
Por la calle entristecida los hombres conversan al compás de sus pasos que se pierden en el vacío insonoro de la noche y sus sombras parecen retrasarse como esclavas prófugas deformadas por los lánguidos alumbramientos de anticuadas farolas.
a del oscuro Citerón las cumbres bajaba el sol a trasponer, vertiendo ríos de luz sobre los verdes mares, cuyos abrazos lánguidos, y besos dulces y prolongados, adormecen los grupos de las islas del Egeo Helios guiaba sus caballos de oro hacia el collado de la augusta Delfos, y en las rocas de Egina y las abruptas cimas sagradas del antiguo Himeto sus reflejos de púrpura bañaban los bosques de olivares cenicientos, por donde va, entre franjas de verdura, del Cefiso el caudal siempre risueño.
Contempla la de los Encajes con indiferente expresión el golpe de vista que presenta la calle; su figura destácase en la riente penumbra como en ella colocada por la mano de un artífice, con su rostro atezado donde la juventud desborda en tersuras y en purpurinas florescencias, con sus ojos fulgurantes y lánguidos; con sus labios carmesíes y carnosos que siempre entreabiertos, dejan ver la dentadura, si desigual, limpia y como de marfil; con su pelo lacio y negrísimo partido en dos bandas sobre la frente y graciosamente recogido sobre la nuca; con su nariz que ligeramente arremangada da a su rostro apicarada expresión, lo mismo que los dos hoyuelos que al sonreír aparecen en sus bien curvadas mejillas.
¡Qué cutis moreno más fresco! ¡Qué ojos más lánguidos y más fogosos a la vez! ¡Cómo caían, velándolos con dulce sombra, las curvas pestañas!
Obra como ésta no la prodiga naturaleza: las líneas rehenchidas de aquella escultura de carne tierna diseñaban ya la mujer antioqueña, alta, esbelta, de movimientos lánguidos y cadenciosos; el cuello y el pecho ondulaban en esponjes de paloma cuando arrulla; la boquita, de labios un tanto gruesos pero correctos, se plegaba con el mimo y la monería que sólo la inocencia sabe producir, mostrando unos dientecitos que parecían miajas de la pulpa del coco; movía esas manos pompas, de palmas sonrosadas, con la gentileza, la maña y la travesura de una gatita; y cuando, inclinada la cabeza, proyectaba aquellas pestañas crespas, largas y de color atortolado, hubiera servido de modelo para una Virgen niña.
Sus bellos ojos lánguidos, de color tenebroso e indeciso, parecían violetas cargadas aún de las densas lágrimas de la tempestad, y sus labios, entreabiertos, pebeteros cálidos, de los que se exhalaba un bienoliente perfume; y cada vez que suspiraba, insectos almizclados iluminábanse en revoloteo al ardor de su hálito.
Y Rosario enmudeció al ver aparecer de pronto a su rival en una de las ventanas del edificio que daba frente al suyo, con el pelo limpio y reluciente, peinado sin artificio; tristes y lánguidos los rasgadísimos ojos y contorneado el elegante busto por un pañuelo de crespón blanco de larguísimos flecos.
¡Y es diferencia que hay del hombre a los dioses inmortales: que en aquél es muy corta la potencia y en éstos, más felices, es eterna, lo cual hace su dicha sempiterna! - ¡Cómo!, amada Isabel, ¿no tienes miedo?, ¿no turban ya tus lánguidos sentidos los truenos repetidos?
Es muy probable, que al expirar la Península, haya una prodigiosa emigración de hombres de todas clases; y particularmente de cardenales arzobispos, obispos, canónigos y clérigos revolucionarios capaces de subvertir, no sólo nuestros tiernos y lánguidos estados, sino de envolver el Nuevo Mundo entero en una espantosa anarquía.
Así lo pensó ella misma, pero aunque al primer momento de sorpresa lanzó un grito, pronto sobre sí volviendo: «Déjame, conde -prorrumpe con dulces, lánguidos ecos-; no es ésta ocasión de burlas, pues es de infortunios tiempo.
Y no dejes que el dulce sueño se apodere de tus lánguidos ojos sin antes haber repasado lo que has hecho en el día: "¿En qué he fallado?