Ejemplos ?
Mandeville, de inmediato, envió a un hombre de su confianza al Uruguay a dar la nueva a Rivera, que la creyó a pie juntillas y marchó en busca de su viejo enemigo, a quien creía sorprender.
Los ciudadanos bilingües lituano-alemanes que volvieron fueron vistos como alemanes y discriminados por ello hasta por los mismos lituanos que habían terminando aceptando a pie juntillas la aceptación de la implantación soviética en Lituania.
Algunas expresiones recurren a plurales fijos: atar cabos, cerrar filas, de rodillas, sin ambages, a pies juntillas, de bruces, en volandas, volver a las andadas, a gatas, a medias, en ascuas, en cuclillas, en ayunas...
El domingo siguiente volvió a presentarse en el Toreo de la Condesa, para reconciliarse con el público y dio inicio a su faena con unos ayudados por alto parado a pie juntillas en una de las almohadillas que el público había lanzado en su presentación anterior.
Los campesinos mexicanos que poblaban la comarca estaban convencidos de que ellos no podían expulsar a los yanquis; pero, juzgando por la energía con que los chilenos se defendían de los atropellos, creían a pie juntillas, que los chilenos podían arrojarlos de California el día que quisieran hacerlo.
¨Correa de reloj¨ sigue a pie juntillas las órdenes de sus superiores y es bastante bromista lo que le hace ser el niño mimado del pelotón.
Pero los Protocolos calaron hondamente en el antisemitismo europeo, y millones de personas los creyeron a pies juntillas –algunos siguen haciéndolo–, pues básicamente sólo “confirmaban” por boca de supuestos judíos y masones lo que millones de crédulos ya pensaban de ellos.
Si los huachanos creen a pie juntillas que el diablo les vendió cigarros, no he de ser yo el guapo que me exponga a una paliza por ponerlo en duda.
Don Lesmes creyó a pies juntillas al médico, porque era tan crédulo y candoroso cuanto comilón, y preparado así, sus amigos se dedicaron a hacerle perder el apetito; pero quienes se llevaron chasco fueron ellos y no don Lesmes, a quien nunca lograban ver harto.
¿De veras no pensáis nunca, lo que se dice nunca? ¿Creéis tan a pies juntillas, como Espronceda, en la paz del sepulcro? El príncipe Hamlet no creía, y por eso prefirió sufrir los males que le rodeaban, antes que buscar otros que no conocía, en la ignota tierra de donde no regresó viajero alguno.
Los buenos habitantes de la imperial ciudad de los Incas miraban con tal respeto al franciscano, que no se encontró enlre ellos motilón que no creyese, á pie juntillas y como ver- dad evangélica, cuanta palabra salía de los inspirados labios del recoleto.
La pupilera lo quiso meter á barato, negando á pie juntillas quanto ella había dicho; el otro hermanillo, que se venía al husmo, se hizo mequetrefe, y faraute del negocio, y por apaciguarlas, empezó a darlas ripio á la mano á sabiendas.