juliano

juliano, a

adj. HISTORIA Relativo a Julio César, emperador romano calendario juliano.

juliano, -na

 
adj. Perteneciente a Julio César o instituido por él. (V. calendario juliano.)
Ejemplos ?
y Asiria, de suerte que el dios Término, que, según éstos, defendía los límites romanos, y que por aquel admirable agüero no cedió su lugar a Júpiter, parece que temió más a Adriano, rey de los hombres, que al rey de los dioses; y habiéndose recobrado en esta época estas provincias, casi en nuestros tiempos retrocedieron nuevamente los límites, cuando el emperador Juliano...
desde el turbio Sena Que la varia y gentil ciudad divide, Metrópoli lodosa de Juliano, Hasta los montes de Cantabria invicta, Último escollo del poder latino!
Juliano - Sección I ALGUNAS veces se hace justicia bien tarde. Dos o tres autores, o mercenarios, o fanáticos, hablan del bárbaro y afeminado Constantino como de un dios, y tratan de malvado al justo, al sabio, al gran Juliano.
Juliano - Sección III Aunque ya hemos hablado de Juliano en el artículo Apóstata; aunque a ejemplo de todos los sabios hemos deplorado la horrible desgracia que tuvo de no ser cristiano; y aunque hemos hecho justicia a todas sus virtudes; sin embargo nos vemos obligados a decir todavía dos palabras sobre él.
Entonces se vio en Constantino un ambicioso feliz que se burla de Dios y de los hombres; que tiene la insolencia de fingir que Dios le ha enviado desde el cielo una insignia que le asegura la victoria; que se baña en la sangre de todos sus parientes, y que se duerme en las delicias: pero era cristiano, y lo canonizaron. Juliano fue sobrio, casto, desinteresado, valiente, y clemente; pero no era cristiano, y se le ha considerado por mucho tiempo como un monstruo.
Juliano - Sección II Supóngase un momento que Juliano hubiese dejado los falsos dioses por la religión cristiana; examínese entonces en él el hombre, el filósofo el emperador; y búsquese un príncipe que pueda preferírsele.
Este diccionario teológico es de un ex-jesuita llamado Paulian; el que repite la fábula, tan desacreditada, de que el emperador Juliano arrojó su sangre contra el cielo cuando fue herido de muerte combatiendo contra los Persas, y que exclamó: Has vencido, Galileo : fábula que se destruye por sí misma, pues que Juliano fue vencedor en el combate, y pues que Jesucristo no era ciertamente el dios de los Persas.
En el día, después de haber comparado los hechos, los monumentos, y los escritos de Juliano y de sus enemigos, es indispensable reconocer, que si no amaba el cristianismo, era excusable de aborrecer una secta manchada con la sangre de toda su familia; la cual habiendo sido perseguida, esclavizada, desterrada, y amenazada de muerte por los Galileos en tiempo del bárbaro Constancio, Juliano no la persiguió jamás; y al contrario, perdonó a diez soldados cristianos que habían conspirado contra su vida.
¿Quien creería que en un Mercurio de París del año de 1741 reprende vivamente el autor al escritor porque había faltado al decoro mas ordinario, llamando á este emperador Juliano el apóstata?
Si se le considera como emperador, se le ve que rehúsa el título de dominus que afectaba Constantino, que consuela a los pueblos, que alivia los impuestos, que fomenta las artes, que reduce a setenta onzas los presentes de coronas de oro de trescientos a cuatrocientos marcos que exigieron sus predecesores de todas las ciudades, que hace observar las leyes, que contiene a sus oficiales y ministros, y que previene toda corrupción. Diez soldados cristianos conspiran para asesinarlo; son descubiertos, y Juliano los perdona.
Además, para que ningún emperador apeteciese profesar el cristianismo por el interés de alcanzar la felicidad de Constantino, debiendo ser cada uno cristiano sólo por hacerse digno de conseguir la vida eterna, se llevó mucho antes, a Joviano que a Juliano, permitiendo que Graciano muriese a manos del hierro cruel, aunque con más humanidad que el gran Pompeyo, que adoraba a los dioses romanos; porque a aquél no le pudo vengar a Catón, a quien dejó en cierto modo por sucesor en la guerra civil; pero a éste, aunque las almas piadosas no tengan necesidad de semejantes consuelos, le vengó Teodosio, a quien había tomado por compañero en el Imperio, no obstante tener un hermano pequeño, deseando más amistad sincera que mando despótico.
Los hombres mas sensatos que los detractores de Juliano preguntarán ¿como un hombre de Estado como él, un hombre de tanto talento, un verdadero filósofo, pudo dejar el cristianismo en que había sido educado, por el paganismo, cuya absurda ridiculez no se le podía ocultar?