jugarse

jugarse

(xu'γaɾse)
verbo pronominal
1. arriesgar lo que se expresa en una apuesta Se jugó mucho dinero en una mano de póker.
2. poner en peligro una cosa jugarse la vida
Traducciones
Ejemplos ?
El torero que asusta al público en la plaza con su temeridad no torea, sino que está en ese plano ridículo, al alcance de cualquier hombre, de jugarse la vida; en cambio, el torero mordido por el duende da una lección de música pitagórica y hace olvidar que tira constantemente el corazón sobre los cuernos.
Entonces vendrás nuevamente en busca del asno y prepararás por segunda vez mi suplicio. Eso es jugarse la piel del vecino. Mientras me entregaba a estos razonamientos calumniosos y a una indignación exagerada, oí algunas palabras a media voz que supe interpretar, como asno inteligente, por las cuales vine en conocimiento de que no nos las habíamos con Hemus, el famoso bandido, sino con Tlepolemo, el novio de la muchacha.
Así que felicidades a todos los argentinos, a los científicos del INTA y a todos aquellos que seguimos creyendo que vale la pena tener fuerza en las ideas y jugarse por ellas.
El Meriñaque le miró furtivamente con expresión irónica... -Hombre, ¿tan urgente es eso que tiée usté que hacer que no puée jugarse dos copas?
Se dejó arrastrar por los impulsos que retuercen al hombre que se siente por primera vez a las puertas de la cárcel, impulsos ciegos que conducen a un desdichado a jugarse la vida en un naipe o en una mujer.
No había mentido el arrendador de los Zarzales al decir que cansado Joseíto el Certero de jugarse la piel al pilla pilla en la sierra, estaba en vísperas de liarse la manta a la cabeza emparentando con arreglo a lo que ordena la Católica Apostólica Romana, con María de los Dolores, unigénita del más conocido carnicero del barrio de Capuchinos.
El Frescales estaba que hacía la barba, y con razón, que con la entrada en la cárcel de Manolito el Gallareta habíase quedado desamparada su timba, de la que empezaba a huirse la gente más formal de la aficionada a jugarse hasta el cuero cabelludo, por temor al enganche con alguno de los que, acaudillados por el Maroto, dedicábanse a cobrar el barato en los lugares no garantizados por alguno de sus colegas en arrogancias y bravura.
Y bien merecía su propietario que Dios le mirase con ojos de misericordia, pues con sobra de razón pregonaban cuantos le conocían su ingénita bondad y su honradez sin tacha y su varonil entereza, que sólo sacaba a relucir cuando, ahito de razón, tenía que probarle a alguno de los muchos mozos de ácana que frecuentaban su «mo de vivir» que cuando eran llegadas las ocasiones, sabía él también jugarse a cara o cruz la integridad de la gallarda persona.
Y al pensar que un desenlace trágico hubiera podido poner fin a la carrera del mozo, algo siniestro resbaló por las negrísimas pupilas del Petaquero, el cual, minutos después, internábase más y más por entre los espesos jarales, seguido de sus compañeros, todos ellos gente avezada a jugarse a diario la piel en la brava serranía.
La emoción. La terrible emoción de jugarse la piel y la felicidad. No en el naipe, sino convirtiéndose usted en una especie de emocionado naipe humano que busca la felicidad, desesperadamente, mediante las combinaciones más extraordinarias, más inesperadas.
El Buscador de Oro se encogió de hombros. –Usted piensa que es cobarde porque las circunstancias para vivir no lo han obligado a jugarse la piel.
Hombre un día de brillantísimo cartel, tanto en lo de jugarse las vísceras al daca y toma por menos de un estornudo, como en lo de no dejar incólume tórtola alguna de las muchísimas que cometieron la torpeza de ponérsele a tiro de escopeta en el distrito, campo de sus hazañas, había conseguido, al echar el ancla en el puerto tristísimo de la vejez, ser mirado y remirado por todos los que le conocían, que eran todos o casi todos los que por aquel entonces, sin distinción de sexos, valían y podían darse pisto en el barrio, como un a modo de venerable patriarca y árbitro supremo, al cual acudían en todas sus diferencias a consultarle sus litigios y en demanda de sus siempre acertadísimos consejos.