Ejemplos ?
El viejo de los espejuelos sonrió compadecido: —Nueve si no lo toma a mal... Pero no son judías, sino bizcas y contrabizcas, que es el juego.
Son éstas de aceitunas, ajos, almortas, arroz, cardón, cardo, cebada, frutas, habas judías, legumbres maíz, patatas, trigo y uvas.
Su reinado se compuso de hazañas criminales, muchas de ellas descriptas por el historiador judío Josefo (Antigüedades judías, 15.3, 3 § 53-56): apenas conquistó Jerusalén y se instaló allí como rey, ordenó matar a cuarenta y cinco partidarios de Antígono, su contendiente; mató además a su cuñado Aristóbulo, a los dos esposos de su hermana Salomé, a su propia suegra Alejandra, a su mujer Marianne, a sus hijos Alejandro y Aristóbulo.
Sus padres tenían poco apego a las tradiciones judías y, aparte de la celebración del Bar Mitzvah, al cumplir Franz los 13 años acudía a regañadientes apenas cuatro veces al año a la sinagoga, acompañado de su padre.
Las castas religiosas judías le recibieron con temor, ya que sus enseñanzas ponían a Dios por encima de todo e incluso por encima de ellos.
Pero no era así. El teniente Herminio Benegas no estaba para pensar en judías ni en musulmanas. El teniente Benegas pensaba en Muza; en Muza, el usurero.
Y les decía: "El Hijo del Hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades judías, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la Ley.
Empero, lo que chuparen las infames sanguijuelas judías se desaparece y huye y se retrai en el poder de todos Vuestros enemigos; y lo que es detestable, enemigos de nuestra santa fe.
" Un jesuita que fue misionero entre los Caníbales en el tiempo en que el Canadá pertenecía al rey de Francia, me contaba, que explicando en una ocasión estas leyes judías a sus neófitos, un Francesito imprudente, que asistía al catecismo, tuvo la ocurrencia de exclamar: "Esas son leyes de Caníbales." Uno de los ciudadanos le contestó: "Perillan, sabe que nosotros somos hombres de bien, y jamás hemos tenido leyes semejantes.
Hallábase de visita en casa de ella el marqués gobernador, en momentos que a doña Inés entregaban una remesa llegada de Cádiz, y la amable dama invitó a su cuñado a comer, para el día siguiente, una olla podrida en que los garbanzos, judías, chorizo extremeño y demás artículos regalados campearían en el plato.
Nunca supieron acuñar moneda; y cuando Antíoco Sidetes les permitió esta prerrogativa, apenas pudieron aprovecharse del permiso en cuatro o cinco años; y también se dice que su moneda fue acuñada en Samaria. De aquí procede que las medallas judías son tan raras, y casi todas falsas.
El General ¡Ah! (Volviendo a sentarse.) Jeremías Aquí están ya las judías. (Pone sobre la mesa una fuente de judías humeantes con dos cucharas de palo.