jerezano

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jerezano, a

1. adj. De Jerez de la Frontera, ciudad de la provincia de Cádiz, o de Jerez de los Caballeros, ciudad de la provincia de Badajoz.
2. s. Persona natural de estas ciudades.

jerezano, -na

 
adj.-s. De Jerez de la Frontera.
Traducciones

jerezano

/a
A. ADJof/from Jerez
B. SM/Fnative/inhabitant of Jerez
los jerezanosthe people of Jerez
Ejemplos ?
er Premio Semana Internacional del Cortometraje, San Roque 1979), (3º Premio Trofeo Charlot Ciudad de Terrassa, 1980) Harmonía (2º Premio Certamen Nacional "Antifaz", Cádiz 1978) Cesárea Gallo jerezano Glorias jerezanas Sinfonía en gris Redención Dialogo de costaleros Jardines del mundo La sangre 2º Premio Concurso nacional de Fotografía de la Fiesta de la Vendimia, Jerez 1982.
Mandado construir por Antonio Cabezas de Aranda y Román, primer marqués de Montana, este palacio responde a la tipología de las casas burguesas jerezanas del siglo XVIII.
con 7,4 Las siguientes empresas pertenecen al grupo: de Grupo Garvey La firma Garvey, propietaria de las bodegas San Patricio con capital e influencias inglesas en su origen, ha sido una de las empresas jerezanas que ha sabido vincularse a la nueva arquitectura.
El recinto más grande de la Isla, tiene departamentos en Derecho, Arquitectura, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Humanidades, Bellas Artes, Comunicación, Educación, entre otros; al igual que programas graduados. Los equipos masculinos atléticos son los Gallitos y de las mujeres las Jerezanas.
En marzo de 2013 ficha por el Buriram de Tailandia tras desvincularse del Xerez Deportivo, al que fue cedido en el mercado invernal por el Córdoba, con lo que ha puesto fin a su periplo en tierras jerezanas pese a ser titular en todos los partidos con los azulinos.
En respuesta al cuestionario del geógrafo real Tomás López, escribió su Epítome de Antigüedades Jerezanas en 1792 que no sería publicado hasta 1889.
Este último era de fácil acceso para las mercancías jerezanas que llegaban a él, Guadalete abajo, a través del embarcadero de El Portal.
Jerezanas, paisanas, institutrices de mi corazón, buenas mujeres y buenas cristianas... Os retrató la señora que dijo: "Cuando busque mi hijo a su media naranja, lo mandaré vendado hasta Jerez." Porque jugando a la gallina ciega con vosotras, el jugador atrapa una alma linda y una púdica tez.
Jerezanas, grito y mueca de azoro a las tres de la tarde, por el humor del toro que en la sala se cuela babeando, y está como un inofensivo calavera ante la señorita tumbada en el sofá.
Jerezanas, os debo mis virtudes católicas y humanas, porque en el otro siglo, en vuestro hogar, en los ceremoniosos estrados me eduqué, velándome de amor, con las frentes se velaban debajo del tupé.
Jerezanas, de quien aprendí a ser generoso, mirando que la mano anacoreta era la propia que en la feria anual aplaudía en el coso y apostaba columnas de metal en el escándalo de la ruleta.
Así se reveló por las colas profusas, mi cordial abundancia, y también por los moños enormes que en mi infancia tocaban a las plantas bizantinas en rodel de palomas capuchinas. Jerezanas, genio y figura del tiempo en que los ávidos pimpollos teníamos, de pie, la misma clementísima estatura que tenía, sentada, nuestra Fe.