Ejemplos ?
Ambas aceras estaban ocupadas por los jóvenes elegantes, que a la vez que con el airecito del río, hallaban refrigerio al calor canicular, deleitaban los ojos clavándolos en las limeñas que salían a aspirar la fresca brisa, embalsamando la atmósfera con el suave perfume de los jazmines que poblaban sus cabelleras.
La fugitiva Ninfa en tanto, donde Hurta un laurel su tronco al Sol ardiente, Tantos jazmines cuanta yerba esconde La nieve de sus miembros da una fuente.
Del carro pues febeo el luminoso tiro, 710 mordiendo oro, el eclíptico zafiro pisar quería, cuando el populoso lugarillo el serrano con su huésped, que admira cortesano, a pesar del estambre y de la seda, 715 el que tapiz frondoso tejió de verdes hojas la arboleda, y los que por las calles espaciosas fabrican arcos, rosas, oblicuos nuevos, pénsiles jardines, 720 de tantos como víolas jazmines.
RESPUESTA Qué tristeza estará ahogándote el silencio o qué llanto inundándote de muertos... Qué sonrisa estará haciéndote jazmines o qué risa floreciéndote de cuerpos...
DON JUAN Ésa es una pastorcilla muy bonita, de unos quince años, con dos ojos negros que en luz con el sol compiten, y con un cutis más blanco que las plumas de los cisnes, con un cuerpo más esbelto que una palma, y más flexible que los juncos olorosos que en el agua echan raíces, y con dos manos más bellas que el nácar y los jazmines.
Se encontró en el cielo, junto al ser amado. Y los jazmines abrieron sus blancas flores y esparcieron su maravilloso aroma característico; era su modo de llorar a la muerta.
Tórtolas enamoradas son sus roncos atambores y los volantes de Venus sus bien seguidos pendones. Desnuda el pecho anda ella; vuela el cabello sin orden; si lo abrocha, es con claveles, con jazmines si lo coge.
Causaba lástima y grima su tierna edad floreciente; todos quieren que se exima del riesgo, y él solamente ni recela, ni se estima. Las doncellas, al pasar, hacen de ámbar y alcanfor pebeteros exhalar, vertiendo pomos de olor, de jazmines y azahar.
salían las jóvenes a la ventana de reja, y compraban un par de hojas de plátano sobre las que había una porción de jazmines, diamelas, aromas, suches, azahares, flores de chirimoya y otras no menos perfumadas.
Hoy son sus alegres días; Mira cuál todo la aplaude; Menos fuego el sol despide, Más fresco respira el aire. Los jazmines en guirnaldas Sobre su frente se esparcen; Los claveles en su pecho Dan esencias más suaves.
El azahar y los jazmines, que si los ojos hechizan, embalsaman el ambiente con los aromas que espiran; de las fuentes, el murmurio; la lejana gritería que de la ciudad, del río, de la alameda contigua de Triana y de la puente confusa llega y perdida, con el son de las campanas que en la alta Giralda vibran, forman un todo encantado, que nunca jamás se olvida, y que, al recordarlo, siempre mi alma y corazón palpitan.
¿Cómo no me lo había de parecer la hermosa ciudad, cuyos pies besan el Tajo con sus dulces labios y el Océano con sus saladas olas, y que retirándose de ambos, como altiva doncella, se refugia a las faldas de su madre, que la corona de mirtos, azahares y jazmines corno a una ninfa?