jabalí

(redireccionado de jabalíes)
También se encuentra en: Sinónimos.

jabalí

(Del ár. gabali, cerdo montés.)
1. s. m. ZOOLOGÍA Mamífero artiodáctilo paquidermo, variedad salvaje del cerdo, aunque con la cabeza más aguda, orejas siempre tiesas, pelaje gris y colmillos grandes, salientes y crecientes.
2. jabalí albar ZOOLOGÍA El que tiene la cabeza proporcionada al cuerpo y los colmillos de regular tamaño.
3. jabalí alunado ZOOLOGÍA Aquél que tiene los colmillos en forma de media luna, por ser ya muy viejo.
4. jabalí arocho ZOOLOGÍA El que tiene una cabeza muy grande respecto al cuerpo, y colmillos desarrollados y agudos.
NOTA: Nombre científico: (Sus, Phacochoerus, Potaochoerus.)

jabalí

 
m. zool. Mamífero artiodáctilo de la familia suidos (Sus scrofa), de pelaje castaño negruzco; en los machos, el canino superior está dirigido hacia arriba y constituye un arma defensiva. Se encuentra en hábitats de todo tipo y es omnívoro.

jabalí, -lina

(xaβa'li, -'lina)
sustantivo masculino-femenino
mamífero de la familia del cerdo que tiene dos colmillos curvos y sobresalientes El jabalí es estimado como pieza de caza.
Sinónimos

jabalí

sustantivo masculino

jabalí:

cerdo salvajepuerco salvaje,
Traducciones

jabalí

boar, wild boar, wildboar

jabalí

sanglier

jabalí

Eber

jabalí

кабан

jabalí

javali

jabalí

خنزير

jabalí

kanec

jabalí

イノシシ

jabalí

SMwild boar
jabalí verrugosowarthog
Ejemplos ?
De su sucesor, Felipe IV, se dice que además de alancear y matar los toros, quitó la vida a más de 400 jabalíes con estoque, lanzón y horquilla.
Los teucros se encaminaron con gran alboroto al bien construido muro, levantando los escudos de secas pieles de buey, mandados por el rey Asio, Yámeno, Orestes, Adamante Asíada, Toón y Enomao, Polipetes y Leonteo hallábanse dentro e instigaban a los aqueos, de hermosas grebas, a pelear por las naves; mas así que vieron a los teucros atacando la muralla y a los dánaos en clamorosa fuga, salieron presurosos a combatir delante de las puertas, semejantes a montaraces jabalíes que en el monte son objeto de la acometida de hombres y canes...
Dejáronlos tan pronto como los pusieron fuera de combate y penetrando por la turba causaron confusión y terror, como dos embravecidos jabalíes que acometen a perros de caza.
Y gracias a la penosa sensación que en todos produjo la carambola, no hubo un lance entre los dos jabalíes rivales, que se quedaron pasmados al ver sangrar por las narices al buen señor, y al oírle decir, mientras salía de la bodega acompañado de don Silvestre y de su ama, que bufaban de rabia: -Esto debí yo haberlo previsto; pues a quien entre bestias anda, tales caricias le esperan.
Y debe unirse a esto, si es preciso, el terror de esos dogmas singulares según los que pasan las almas de los hombres tímidos a cuerpos de mujeres, expuestas por su debilidad a ser injuriadas; que convierten a los asesinos en bestias feroces, a los borrachos en puercos o en jabalíes, a los hombres ligeros y frívolos en pájaros, y a los que son perezosos y haraganes, ignorantes y estúpidos, en pescados.
Entre las jaras, tarajes, lentiscos y durillos, en la espesura de la fragosa sierra, á la sombra de los altos pinos y copudos alcornoques, discurren valerosos jabalíes y ligeros corzos y venados; por toda la feraz campiña abundan la liebre, el conejo, la perdiz y hasta el sisón corpulento, y toda clase de palomas, desde la torcaz hasta la zurita.
Cierta especie de albaricoques produce esta isla, semejantes en la magnitud a los melones, de un color ceniciento y del gusto de albaricoques de la Europa, teniendo sus pepitas de la magnitud de un huevo de gallina, de los cuales hacen deleitoso banquete muy de ordinario los jabalíes, con que engordan a maravilla.
Tenían allí de comer, maíz y carne, lo que en el campo no acostumbraban encontrar, y cuando con toda prisa, trabajando de día y de noche, después de una buena y última recogida, acabó Benjamín de cerrar el campo, encerró el plantel de su fortuna futura. Eran feos, horribles, los cerdos; huesudos, sin carne, de pelo grueso y de largo parecían jabalíes.
Abunda con multiplicación cotidiana, esta isla de Jabalíes...
No tardamos en llegar al desierto que íbamos a habitar por algunos días; una dehesa inmensa, empotrada en medio de otras inmensas dehesas; el suelo alfombrado de cuantas flores y yerbas de diversos y vivísimos matices se pueden imaginar, cubierto de altísimos jarales, salpicado de robustas encinas y hormigueando por todas partes la caza; jabalíes...
El mercader averigua entonces que está en el harén del sultán, de donde ella ha salido a hurtadillas, mientras el sultán está en la sierra cazando jabalíes.
Las hadas avejentadas se miraban renovadas. Así cambiaban su cara hasta en la forma más rara: se convertían en ovejas o en jabalíes sin orejas.