jícara


También se encuentra en: Sinónimos.

jícara

(Del náhuatl sikalli, vasija de calabaza.)
1. s. f. Taza pequeña para beber chocolate.
2. Amér. Central y Merid. Vasija pequeña, hecha de la corteza del fruto de la güira.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

jícara

 
f. Vasija pequeña que suele emplearse para tomar chocolate.
(Amér.) Vasija pequeña de madera, ordinariamente hecha de la corteza del fruto de la güira.
(Amér. Central) La cabeza, esp. de los animales.
(Méx.) La cabeza del calvo.
(Méx.) Arquilla en que se llevan frutas, panecillos, etc.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Sinónimos

jícara

sustantivo femenino
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.

jícara:

tazatacita, pocillo,
Traducciones

jícara

calabash, gourd

jícara

SF
1. (= taza) → chocolate cup
2. (CAm, Méx) (= vasija) → gourd
bailar la jícara a algnto soft-soap sb
sacar la jícara a algnto dance attendance on sb
3. (CAm) (= cabeza) → head
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Dovelas:;1: Rey 1 con corona real, no se aprecia el instrumento.: Rey 2 con corona real y un rollo de pergamino.: Rey 3 sin corona real, toca un instrumento no identificado.: Rey 4 con corona real, toca una Jícara (vasija)....
Tú das la caña hermosa, de do la miel se acendra, por quien desdeña el mundo los panales; tú en urnas de coral cuajas la almendra que en la espumante jícara rebosa; bulle carmín viviente en tus nopales, que afrenta fuera al múrice de Tiro; y de tu añil la tinta generosa émula es de la lumbre del zafiro.
Chocolate sin harina de lo más concentrado y espumoso; aquel chocolate con que las hermanas se regodeaban en sus horas de sibaritismo, le era servido en una jícara tamaña como esquilón.
Regina, que así se llamaba la hija única de don Pedro Pablo, y que era una muchacha tan seria y formalota que parecía tener una vieja adentro, agasajaba a los tertulies nocturnos de Su Majestad camaneja con una suculenta jícara de chocolate acompañada de bollos.
Estómagos agradecidos defendían, pues, con calor, en los consejos de su majestad, la causa y los intereses de los hijos de Loyola. Una jícara de buen chocolate era lo más eficaz que se conocía por entonces para conquistarse amigos y simpatías.
Tan feo volvía y tan Caratejo como se fue. Por morral llevaba una jícara algo más que preñada; por faja una chuspa oculta y no vacía.
la jícara del sabroso chocolate del Cuzco con canela y vainilla, presentósele un pobre diablo, vendedor de alhajas, con una cajita que contenía un alfiler, un par de arracadas y tres anillos de brillantes.
En mis tiempos de chiquilla, al venir a casa el chocolatero (entonces se molía el chocolate a brazo y nos tomábamos, desleídas en la jícara del caracas, gotas de humano sudor), concluida la elaboración de la molienda, y en espera yo de los obsequios de última hora que en casos tales no se regatean a los niños, recuerdo que el buen artesano se pasaba el dorso de la mano por la húmeda frente, suspiraba como quien exhala el postrer aliento, y me decía: «Espera, espera..., que te voy a hacer dos conchitas y un don Juan Boina de chocolate».
Solían irritarse contra el caballero que nada aceptaba de ellos, ni siquiera el honrarse sentándose una vez al año a su mesa el día del Santo Patrón; pero al fin concluían por reconciliarse con aquel miserable tan poco pegajoso, cuya presencia nunca les amenazaba con obligarles a ofrecerle una jícara de chocolate o hacerse servir un vaso de agua con azucarillo, costumbre un tanto dispendiosa, que, según ellos, hace mucho tiempo debía haberse quitado de la sociedad, a juzgar por lo adelantada que se encuentra en otras materias, quizá mucho menos importantes que éstas que toca todos los días un pobre padre de familia, que encuentra razonable el trato de gentes, y a cuyo placer se entrega muchas veces con pesar por lo del chocolate y otros apéndices.
Después de merendar a las cinco con una hirviente jícara de chocolate, acompañada de carne frita y tajadas de plátano, queso y pan, mi madrina se envolvía en su pañolón de lana, y poniéndose un sombrero de paja que tenía para ese uso, salía al patio, armada de un par de tijeras, y podaba, componía y arreglaba su jardín; recortaba una flor aquí y allí para dármelas, y yo las recibía como un precioso regalo, pues era prohibido que tocásemos las flores.
El venerable párroco acostumbraba ir de tertulia todas las noches, en pos de la jícara de sonocusco, a casa de una señora de muchos respetos.
¡Oh siestas regalonas, melindre ante la jícara que humea, soponcio ante la recua intempestiva que tumba las macetas de las pardas casonas; lotería de nueces, y Tenorio que flecha el historiado postigo de las rejas antañonas!