Ejemplos ?
En el 2009 fue antologado por Andrés Soria Olmedo en 20 años de poesía, (1989-2009) en la colección Nuevos Textos Sagrados de Tusquets Editores. También figura en Espléndida Iracundia.
Se lo recuerda morocho, locuaz y sonriente, con mucho del típico porteño, un amigo leal, un conversador que sabía matizar lo nostálgico con la actualidad y un ser sensible a las desventuras del hombre, si bien con un temperamento a veces cercano a la iracundia.
Su libro Cielo forzado fue elegido entre los libros innovadores y sugerentes publicados durante la década de los ochenta, en una encuesta realizada por la revista Debate a cuarenta escritores peruanos. Igualmente, sus poemas aparecen en Espléndida iracundia.
En la comarca oscura: Lima en la poesía peruana (Universidad de Lima, 2006), en colaboración con Luis Fernando Chueca y José Güich. Antología: Espléndida iracundia.
La vejez no solo no apaciguó la iracundia del viejo líder, sino que, por el contrario, le llevó a enconadas discusiones y profundos desencuentros con sus correligionarios laboristas, que le llevaron, a los 79 años de edad, a enemistarse con sus otrora compañeros Moshé Sharet y Levi Eshkol, y a abandonar de un portazo al Partido Laborista, creando un nuevo partido, Rafi ("Lista de trabajadores de Israel", por sus siglas en hebreo), secundado por Shimon Peres y Moshé Dayán.
Digo más: en medio de su perpetua iracundia, todavía no ha hecho verdadero daño a nadie, como no sea a sí propio, y por lo que a mí toca, ya habrá visto que me trata con el acatamiento y el cariño debidos a una especie de hermano mayor o segundo padre...
No todo aquello que es enojo es ofensa; pero nuestras costumbres voluptuosas nos conducen a la iracundia, igual que aquello que no se acuerda como la voluntad, despierta la cólera.
No todo lo que nos enoja es una ofensa pero nuestras costumbres voluptuosas nos conducen a la iracundia en tal forma, que todo lo que no se doblega a nuestra voluntad despierta nuestra cólera.
Por ti halagan el oído voces ausentes o muertas; que, en un cilindro esculpido, guardas el eco dormido, y de un soplo lo despiertas. Mísero acento mortal: con tus dulces inflexiones o tu iracundia brutal te gozarán perennal futuras generaciones.
Por la cerradura de la puerta alcancé a distinguir que Chale hacía luz, y sentábase con gran desplazamiento de malhumor delante de la lamparita de aceite, cuyo verdor patógeno soldóse en mustio semitono a la lámina facial del chino, soflamada de visible iracundia.
¿En qué piensas? El furor te ciega, Ávido de combate. Esa iracundia Aún puedes refrenar. ETEOCLES Un dios me arrastra... ¡Vete a surcar las ondas del Cocito, Con favorable viento, maldecida Raza de Layo, que aborrece Febo!
Nadie existe entre los imprudentes a quien deba dejarse librado a sí mismo; es entonces que agitan los malos propósitos, que tejen las tramas de futuros peligros para otros o para sí mismos, que ímprobos ardores se alistan; que todo lo que el ánimo por miedo o por pudor encubría, ahora expone, aguzando la temeridad, excitando la concupiscencia, instigando la iracundia.