Ejemplos ?
Grandioso, incomparable espectáculo se ofrece a mis sentidos. Lumbre intensísima, para mí desconocida, inunda cuanto veo. Lejos de cegarme, mi visual alcanza y precisa a distancias incalculables.
No tiene el contorno duro que tienen las esculturas obra de las criaturas, su fría inmovilidad. No; sus contornos despiden leve vapor, los circunda vaga luz, que les inunda en gracia, en vida, en calor.
VII San Antón, no soy tu devoto, si no le pones luego coto a este diabólico alboroto. ¡Motín semeja, o terremoto, o hinchado torrente que ha roto los diques, y todo lo inunda!
Mi desgracia contemplad, cuando como dicha cuento que mis penas un momento aplaquen su intensidad. Pero este rayo que inunda en viva luz mi alma yerta, ¿dejaréis que se convierta en lobreguez más profunda?
Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y arrasa por doquier; se lleva los ganados y las vides sin pausa, y estragos miles causa, ¡qué gusto!, ¡qué placer!
Cada beso orgasmado es una angustia diluida en los fuegos que la rasgan, ahogada en el torrente que la inunda y hundida en cada sed que la reencarna...
Me acuesta, desnuda, sobre un sofá, se coloca a horcajadas sobre mi pecho, pone su miembro entre mis dos tetas, me ordena que lo apriete tanto como pueda y al término de una breve carrera el asqueroso individuo los inunda de semen, lanzándome a la cara más de veinte escupitajos seguidos, muy espesos.
Otra vida que comprenda que a veces es el mar quien nos alienta a navegar por los océanos de los sueños y vistiéndonos de rutas sin confines nos inunda de gaviotas y de vuelos.
Cómo explicarte el llanto que no inunda la hondonada seca donde calló su ruido tras la bofetada bestia de un presente ausente y un futuro alerta por una manzana.
En las calles, en los campos, en el cerro, en la cabaña, en el monte, no se encuentra un medio bastante expresivo para declarar la alegría que inunda el mundo, y en vez de poner flores, encienden hogueras.
Mas en tanto el viento arrecia, revienta el cóncavo trueno, y se desgaja de lleno el espantoso turbión; la calle se inunda en agua, la noche cierra, y los hombres invocan los santos nombres con miedo en el corazón.
De sus rebujadas sábanas por entre los claros hilos, veían sus ojos tranquilos el mágico resplandor de la mística aureola que la cabeza circunda, y el alma de luz inunda de los santos del Señor.