Ejemplos ?
A pesar de todo, está contento; no está solo. Le riñen, lo insultan; pero, al menos, oye voces humanas. Los jóvenes gritan, juran, hablan de mujeres.
Como hinchadas olas que en roca desnuda se estrellan sonantes, y luego reculan con ronco murmullo, y otra vez insultan al risco, lanzando bramadora espuma; así van y vienen, y silban y zumban, y gritan que aturden; el cielo se nubla; el aire se llena de sombras que asustan; el viento retiñe; los montes retumban.
Escribir español castizo, castizo en todo, en voces, en régimen, en sintaxis, en giro, en tono, en saber: he aquí la cultura, el gusto, el arte, el lujo literario de sujetos, que, por otra parte no cesan de disputar a la España todas las prerrogativas inteligentes. ¡La degradan, la insultan, y la copian!
(En fin, se insultan ad libitum; pero, por fin, y después de estar sin contestar a LÓPEZ como unos tres minutos, PÉREZ abre la puerta.) :Mutación.- El cuarto número 13.
«¡Viva el Rey!» dicen algunos, y otros gritan: «¡Muera Zahara!», y todos a los vencidos insultan, mofan e infaman; que siempre quien vence grita porque los vencidos callan, porque las lenguas se sueltan donde las manos se atan; porque la risa provoca tal vez la ajena desgracia, y al que nace desdichado, hasta compasión le falta; que quien cae pone a los otros, para que pasen, la espalda, y maldición es que lloren algunos lo que otros cantan.
Y no os pide en tal ocasión elogios insulsos ni versos ridículos y despreciables, que para ser buenos ciudadanos no es menester ser malos poetas, pues si fuera posible celebrar dignamente a los semidioses de la tierra, ingenios hay peregrinos que pudieran hacerlo, ingenios que yo conozco, que yo favorezco e inspiro, cuyas obras, no bien conocidas todavía en un país en que la frivolidad y el pedantismo insultan impunemente al verdadero mérito, triunfarán al fin de la envidia y las pequeñas pasiones que aspiran a oscurecerlas, y llevarán su nombre a la edad futura para honor inmortal de su nación y de su siglo.
A bien que de aquel tiempo es la otra no menos grosera y muy análoga mentira, de la acusación de la condesa de Castilla por sus propios hijos, que la insultan como adúltera ante D.
Porque, ¿quién ha dicho –al hablar de "todo menos la violencia"– que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables?
Los hombres se dividen en bandos, hacen propaganda, se insultan, se agitan y, al fin, un domingo colocan una caja de cristal sobre una mesa y empiezan a echar pedacitos de papel en los cuales se dice si Dios existe o no existe y si la Patria se debe o no se debe suicidar.
Los que no ven se encaraman, Los oprimidos se quejan, Los ventajosos insultan, Los pendencieros contestan, Y crúzanse las palabras, Y trábanse las pendancias, Y las puñadas se emprenden Y la chusma se revela.
En su memoria que tiene por titulo Todo se dirá, insultan todavía mas impudentemente al parlamento de Metz, y siempre con el estilo que se bebe en las escuelas.
Predican solidaridad y asociación, y se venden y burlan los unos de los otros; insultan a la generación pasada, y se asocian con ella para reírse de ustedes mismos; prescriben la moral en la política, y su íntima conducta no es sino intriga y chicana; proclaman igualdad, y se hacen llamar merced; gritan democracia, y tienen asco de los pobres; adulan por delante y asesinan de atrás, y todavía hablan a boca llena de camaleonismo.