Ejemplos ?
Ella movió la cabeza en silencio; a través de sus lágrimas volví a ver la dulce y triste sonrisa. -Y te estoy tan agradecido, Agnes, tan agradecido eternamente, que no sé nombrar el afecto que me inspiras.
-¿Recuerdas lo que he tratado de decirte a mi vuelta, querida Agnes, de la deuda de reconocimiento que tengo contigo y del cariño que me inspiras?
que luego el bien y la alegría En llanto y desventura se trocó: Tu esplendor empañó niebla sombría; Sólo un recuerdo al corazón quedó. Y ahora melancólico me miras Y tu rayo es un dardo del pesar; Si amor aún al corazón inspiras, Es un amor sin esperanza ya.
Ya no del temor santo que inspiras en el mundo despiertas en mi mente la grande admiración; un sentimiento sólo de gratitud profundo, de amor y de esperanza penetra el corazón.
Con ninguno amistad o amor te enlaza; tú vives solitario eternamente, cual si el único fueras de tu raza. Y en vano te devora el ansia ardiente de amar y ser amado, a pecho humano tan sólo inspiras miedo reverente.
No tardaré yo en salvar la distancia, y el día en que menos lo pienses, apareceré a tu lado y me verás de hinojos a tus plantas, pidiéndote que correspondas al inmenso amor que me inspiras.
Esto es un galimatías... ¡Siento muchísimo tener que publicar las extravagancias que me inspiras hoy!... LA MUSA.- Te cuento la verdad.
III Musa de las batallas, ven y dame con diestros labios alentar tu trompa, que con hórrido son los aires rompa que a lo lejos en torno se derrame: haz que truenen mis versos, y veloces vuelen del labio que tú inspiras, como igneas saetas o encendido plomo, tronantes rimas o inflamadas voces: retumbe y vibre en ellos, como pudo en los aires entonces, el trueno horrisonante y rayo agudo de mortíferos bronces: torne a ser el estrago horrendo y crudo y el herir y el matar en mis guerreras estrofas, de la lid renovadoras; y el glorioso combate de quien horas fueron la edad veloz y fugitiva, como en lienzo que fiel lo represente, para siglos sin fin haz que reviva y que dure en mi canto eternamente.
Leyó pues, y vio que decía: «El enojado, el quejoso, debía ser yo y no tú, hermosa Poldy: pero el amor que me inspiras es tan alto que no se le sobreponen los enojos y es tan firme que no hay queja que le hunda ni acabe.
¡Oh, tú que los espíritus alientas y con tu influjo celestial inspiras las que en tu solio y a tu lado asientas: Y coronando de laurel sus liras, su gloria haces cual la tuya eterna, y hombres y orbes con su canto admiras.
Otro cuerpo no puede sustituir al cuerpo amado cuando un alma lo ha encontrado como su pareja inmarcesible. Ya hace cinco años de tu deceso y cada vez es más fuerte la pasión que me inspiras.
Cuando así fue: «Juro, por esta diosa, mi querido Lucio, dijo, que nada puede igualar la viva inquietud que me inspiras y el deseo que tengo de velar sobre ti, porque te amo como si fueras mi hijo.