inquietarse

inquietarse

(inkje'taɾse)
verbo pronominal
pasar a tener desasosiego o preocupación en el ánimo Se inquietó porque su esposo no llegaba a casa.
Traducciones

inquietarse

fret

inquietarse

يُقْلِقُ

inquietarse

trápit se

inquietarse

bekymre(sig)

inquietarse

aufregen (sich)

inquietarse

ανησυχώ

inquietarse

murehtia

inquietarse

s’agiter

inquietarse

brinuti se

inquietarse

気をもむ

inquietarse

안달나다

inquietarse

piekeren

inquietarse

bekymre seg

inquietarse

zaniepokoić

inquietarse

reta upp (sig)

inquietarse

กลัดกลุ้ม

inquietarse

endişe etmek

inquietarse

lo lắng

inquietarse

烦恼
Ejemplos ?
Le da vuelta, le levanta las faldas, inmóvil como está ella, le lanza siete u ocho chorros de semen sobre el trasero y escapa, sin inquietarse por las consecuencias de lo que dijo ni de lo que le pasará a la desdichada.
Esta parte del tiempo pasado es una cosa sagrada y delicada, libre ya de todos los humanos acontecimientos, y exenta del imperio de la fortuna, sin que le aflijan pobreza o miedo, ni el concurso de varias enfermedades. Ésta no puede inquietarse ni quitarse, por ser su posesión perpetua y libre de recelos.
Doña Isabel la animó, le dejó un buen bolsillo debajo de la almohada, llamó a una vecina para que le hiciese inmediatamente un buen puchero, y se alejó, diciendo a la pobre madre que iba en busca de su hijo, después de haber permanecido con ella cerca de tres horas. En su interior empezaba a inquietarse por la tardanza del hidalgo.
Y luego las gentes son buenas, compasivas; las caras amables, hay sonrisas en todas las bocas para el convaleciente que se deja adular, regalar, felicitar y cuidar sin inquietarse siquiera con la sospecha de que sus contemporáneos no esperan sino que se ponga fuerte para volver a agarrarlo por su cuenta y morderlo, despedazarlo y combatirlo, como se usa entre hombres que se quieren y que por eso viven en sociedad.
Huyeron a la desbandada, como ratas, en el año 77, cuando las autoridades empezaron a inquietarse por la forma en que desaparecían los vecinos y hablaron de intervenir.
Un charlatán, que examinaba cráneos y levantaba horóscopos a la moderna, estudió la cabeza del músico y escribió esto en un papel que cobró muy caro: -Será un portento o será un imbécil; o asombrará al mundo por su habilidad artística, o llegará a ser un gran criminal embrutecido. La madre de Ventura comenzó a inquietarse.
Al andar levantaba los cascos doblando los jarretes como si caminase aún entre las traviesas de la vía de un túnel de arrastre; y un enjambre de moscas que zumbaban a su alrededor sin inquietarse de las bruscas contracciones de la piel y el febril volteo del desnudo rabo, acosábalo encarnizadamente, multiplicando sus feroces ataques.
No debería considerarse temerario el que no nos atengamos a las opiniones comunes, ni tampoco inquietarse porque alguien, en las discusiones referentes a esos problemas naturales, no siga la opinión del momento, sobre todo en lo que toca a problemas que durante miles de años han sido objeto de controversias entre los mayores filósofos; problemas tales como la estabilidad del Sol y la movilidad de la Tierra: opinión sostenida por Pitágoras y toda su secta, y por Heráclito del Ponto, así como Filolao, maestro de Platón, y por el propio Platón, como lo cuenta Aristóteles, y como nos lo enseña Plutarco, quien, en la vida de Numa, declara que Platón, ya viejo, decía que sostener la opinión contraria era algo perfectamente absurdo.
Vio pasar bajo él sin inquietarse a mirar siquiera, pobres mujeres y labradores fatigados, de aspecto miserable; hasta que al fin vio avanzar por el camino a un hombre de grandes botas y levita roja.
El esparrelló quiso pasar un buen rato con el terrible personaje; pero sus malas intenciones no iban más allá del deseo de divertirse a costa ajena, y se limitó a pasar y repasar por las jadeantes narices del coloso, haciéndole cosquillas con las finas púas de su cola. Pero bueno era el reig para inquietarse por tales caricias.
Nada a su alrededor podía ponerme sobre la pista: la víspera, nadie había ido a su cabecera para inquietarse por ella; al día siguiente, nadie se presentaba para verla.
¿O bien que los mismos oradores, buscando agradar a los ciudadanos y descuidando el interés público para no ocuparse más que del suyo personal, traten a los pueblos como a los niños, esforzándose únicamente en complacerlos sin inquietarse de si por esto se volverán mejores o empeorarán?