inmensidad

inmensidad

1. s. f. Cualidad de inmenso o muy grande le abrumaba la inmensidad del océano.
2. Muchedumbre, multitud de personas o cosas.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

inmensidad

 
f. Calidad de inmenso.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

inmensidad

immensity

inmensidad

immensité

inmensidad

imensidão

inmensidad

광대함

inmensidad

SFimmensity, vastness
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
El ser primaveral de Rosario María estaba dispuesto al encuentro consigo y con la inmensidad, para dar al universo su bondad nacida entre tallos de espinas.
Cruzar los lindes de tu azul esfera, medir audaz la inmensidad que espanta, no osara, no, mi pensamiento vano sin el auxilio de tu santa mano.
No es fácil, sin embargo, para un padre viudo, sin otra fe ni esperanza que la vida de su hijo, educarlo como lo ha hecho él, libre en su corto radio de acción, seguro de sus pequeños pies y manos desde que tenía cuatro años, consciente de la inmensidad de ciertos peligros y de la escasez de sus propias fuerzas.
Predican sabios vates vengadora pelea, y sin saber su mal, al verles fracasados les juzgan impotentes, les niegan toda idea: «Pueden, sin recoger suspiros mendigados, cual se encabrita el búfalo que aspira la tormenta, saborear ahora males eternizados.» «De incienso embriagaremos al Fuerte porque alienta en lucha con los fieros serafines del Mal; cada farsante de estos sin ropa roja intenta detenernos.» Y escupen su desprecio mortal al desnudo que implora, de inmensidad indigente.
Me detuve bajo el Arco del Triunfo para mirar la avenida, la larga y admirable avenida estrellada, que iba hacia París entre dos líneas de fuego, y los astros, los astros allá arriba, los astros desconocidos, arrojados al azar en la inmensidad donde dibujan esas extrañas figuras que tanto hacen soñar e imaginar.
¿No investigaré quien es el artífice de este mundo, como tanta inmensidad ha entrado en ley y en orden, quien a recogido lo disperso, aclarado lo confuso, quien dio figura distinta a cada cosa permanecía en una masa amorfa, de donde se difunde tanta luz, si es del fuego, o de una cosa más brillante que el fuego?
La luna huyó al mirarlas; huyeron las estrellas: Su claridad escasa la inmensidad sorbió; Ya reinan solamente por los espacios ellas, Do quier se ven tinieblas, mas firmamento nó.
La luna llena, manchada como de paño enfermizo, a veces irrumpía flotando también con timidez en la inmensidad del fuliginoso celaje y su henchida esfera de plata avejentada, se veía aún más deslucida, velada por el humo citadino que movía un creciente viento, acaso cual película de hombres lobos, zombis, momias y vampiros.
Súbitamente la inmensidad atlántica pareció inflamarse en rojo de piedra, el rojo subió por los flancos del "Caballo Verde", bajó a los puentes; los negros parecían diablos hacinados en una caldera, las pirámides de plátanos irradiaban una atmósfera bermeja y la isla de Fernando Poo, ennegrecida en un juego de contraluces, en este fondo de fuego, quedó reteñida de violeta.
Avanzaba a la deriva, pero temiendo cualquier asalto de peligro; de golpe, una inmensidad de insectos que semejaban miles de aviones de guerra, me atacaron; yo corrí, pero todo intento de huida, parecía destinado al fracaso.
allá el muezzín que murmura una sura del Korán: allá lejana campana de cristiana catedral: allí la audaz gritería de insurrección popular; allá arrullo de palomas; allí el fragor de un volcán; allí la trompa de guerra, un mandolín más allá: aquí el brindis de la boda, allí un salmo funeral… todo el rumor de la tierra; más lejos… el de la mar…; más lejos… los ruidos vagos del aire en la inmensidad: una aura que en él suspira… un eco que en él expira… un átomo que en él gira… un vagido…, un son fugaz que en él vaga, que vacila, que se apaga, que titila, que se queja, que se aleja, que se va; que perdido ya no da son ni ruido… ¡Se fué ya!
Era la caída de la tarde, la playa estaba desierta, y Lucía después de la dolorosa partida de Sebastián, los cabellos mal recogidos a causa de su pena, sin ningún aliño en su vestido, y bañada en lágrimas, contemplaba silenciosa desde el pié del árbol donde se hallaba sentada, la inmensidad del océano, la soledad de la costa, la no muy fuerte fortaleza de los españoles, su poco número para habérselas tal vez con los salvajes, si según las palabras de Mangora se volvían enemigos.