infortunado

(redireccionado de infortunada)
También se encuentra en: Sinónimos.

infortunado, a

1. adj./ s. Que no tiene fortuna o buena suerte era bastante infortunado en los juegos. desafortunado afortunado
2. Que es víctima de una desgracia pudieron rescatar a los infortunados náufragos. desgraciado
3. adj. Que es inoportuno o desacertado su intervención ha sido infortunada. oportuno

infortunado, -da

 
adj.-s. Desafortunado.
Sinónimos

infortunado

, infortunada
adjetivo y sustantivo
desgraciado*, desafortunado, desventurado, desdichado, infeliz, desastrado, desastroso*, infausto, aciago.
Infausto y aciago se utilizan cuando se trata de tiempos o sucesos.
Traducciones

infortunado

unfortunate

infortunado

malheureux

infortunado

infeliz

infortunado

ADJunfortunate, unlucky
Ejemplos ?
Los corpulentos árboles son arrancados de raíz, otros chocan fuertemente entre sí, ruge espantoso el huracán, retumba el trueno, aterrador en el espacio, el rayo se desprende de las negras y rojizas nubes, y la eléctrica y viva luz del prolongado relámpago, es débil comparada con el incendio, que abrasa la infortunada costa.
La infortunada Lucía no sabía qué hacer para seguir engañando al cacique, desesperada escribió a su marido: «Esposo mío, mi amado Sebastián.» «Si quieres conservar a tu Lucía, si me amas, ven a librarme del cacique Mangora.» Esta carta dada a un fiel servidor, el que llevaba el preciso encargo de buscar al valeroso Hurtado, y entregarle la carta donde le encontrara, y si era sorprendido por los bárbaros, tragársela antes que cayera en las manos del cacique.
Bello es, en el desorden consiguiente a una larga e infortunada emigración, ver unirse en una obra voluntaria y disciplinada de pensamiento activo a los hombres, de todas condiciones y grados de fortuna, de la guerra y del destierro, de los países lejanos y del Norte triunfante sobre la desidia y desaliento que le vienen del continuo trato con la infelicidad de Cuba: y todos, de Jamaica a Chicago, reiterar a su patria, con su confirmación libre del partido de la independencia, la promesa de preparar por ella en el destierro la redención que ella no puede preparar en el miedo, el desmayo y la pasión de su esclavitud.
En la ciudad donde habitaba se elevaba un sombrío convento, de altos muros, fuertes rejas y espesas celosías, y allí se encerró la infortunada niña, sin ver las lágrimas de su madre, ni atender a los consejos de su padre, ni escuchar los ruegos de sus amigos.
Lo masturban, la bomba sale, Sofía no pierde ni una migaja y el crápula se acerca a sorber lo que ha dado y se lo traga todo en cuatro bocados mientras se la menean sobre el vientre de la pobre infortunada, la cual, lista la operación, vomita hasta las tripas en las narices de Durcet, que acudió a recibirlo con solemnidad y se masturbó mientras el vómito lo cubría.
Recordé la decisión de los bandidos que habían resuelto inmolarme en los manes de la muchacha. Varias veces, al mirarme la barriga, me imaginaba estar pariendo ya a esta infortunada.
Y así se hizo todo, y no pasó más; ni nunca volvió a saberse cosa que tuviera relación con aquella infortunada, a quien no fue posible extender verdadera partida de sepelio, ni poner epitafio en la sepultura, por la sencilla razón de que jamás llegó a saberse su nombre.
ANTISTROFA En vano los dio a luz con dolores, en vano fuiste tronco de amada prole, ¡oh tú, que atravesaste los escollos inhospitalarios de las cerúleas Simplégadas! ¡Oh infortunada!
Solícitamente los amigos de la familia lavaron con cuidado el cuerpo de la infortunada Carita, y depositándolo en la misma tumba lo reunieron para siempre al de su esposo.
Hubo un momento de vacilación, de perplejidad, de incertidumbre, pero los enterradores, viendo que no había razón para prolongar aquella indecisión, colocaron la tapa en su sitio y quedó sumida en sombras eternas la bellísima cuanto infortunada compañera del Zorzales.
Dos o tres meses después, estando Terry tomando té con su esposa en el salón de la quinta, fue asesinado por una partida de bandoleros. El pacayar sigue perteneciendo a la infortunada viuda.
Lucía se alejó y el salvaje, lleno de un santo y religioso arrobamiento, permaneció arrodillado contemplándola hasta que la perdió de vista; después abrazó el tronco del árbol donde Lucía había estado recostada, y besó el lugar donde había descansado su cabeza. No bien la infortunada esposa se encontró sola en su habitación, cuando prorrumpió en ahogados sollozos.