indolencia


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indolencia

1. s. f. Actitud impasible, que no se afecta o conmueve su economía de gestos es muestra de su indolencia.
2. Actitud indolente, negligente o perezosa es de una indolencia muy mediterránea. vivacidad
3. Ausencia de dolor.

indolencia

 
f. Calidad de indolente.
Traducciones

indolencia

Trägheit

indolencia

indolence

indolencia

indolência

indolencia

SF (= pereza) → indolence, laziness; (= abulia) → apathy; (= languidez) → listlessness
Ejemplos ?
Y he deseado todo esto, empeñándome en imitar ese estilo abundante en metáforas, que el gaucho usa sin conocer y sin valorar, y su empleo constante de comparaciones tan extrañas como frecuentes; en copiar sus reflexiones con el sello de la originalidad que las distingue y el tinte sombrío de que jamás carecen, reve- lándose en ellas esa especie de filosofía propia que, sin estudiar, aprende en la misma naturaleza, en respetar la superstición y sus preocupaciones, nacidas y fo- mentadas por su misma ignorancia; en dibujar el orden de sus impresiones y de sus afectos, que él encubre y disimula estudiosamente, sus desencantos, produci- dos por su misma condición social, y esa indolencia que le es habitual...
nte las puertas de un nuevo siglo, Bolivia se encuentra frente a su destino, porque sus hombres decidirán si tienen el valor suficiente para colocarla en el justo sitial que le corresponde, afirmando su existencia y proyectándola hacia el futuro, o si la indolencia de los hijos ingratos será tal, que permitan su humillante condena por designios extranacionales.
Dispersos, constituiríamos una materia social posible a las inquietudes, a los recelos, a los escepticismos y a los desvíos que surgen siempre al amparo de las alegrías prematuras y que se convierten, tarde o temprano, en indolencia, desistimiento, flojedad del vínculo nacional.
Mientras las cárceles priven del movimiento y de la luz a nuestros hermanos caídos es un crimen fijar a nuestros pies el grillete de la indolencia.
De un estilo Neoclásico; de hormigón armado él ya era; lo que deja en claro el esplendor, de mi Puerto, en esa época. Pero, esto no se consideró, ni se tomó siquiera en cuenta, y el edificio se destruyó, con absoluta indolencia.
El hábito de la dominación los hace insensibles a los encantos del honor y de la prosperidad nacional; y miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la tutela de leyes dictadas por su propia voluntad.
Y lentamente, moviendo con indolencia la cola, como dos buenos amigos que salen a tomar el fresco, el reig y el esparrelló llegaron al sitio donde se aclaraban las aguas con un dulce tono de esmeralda líquida.
Si no hacemos esto solamente podremos heredar a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños una casa llena de desamparo, de temor, de indolencia, de cinismo, de brutalidad y engaño, donde reinan los señores de la muerte, de la ambición, del poder desmedido y de la complacencia y la complicidad con el crimen.
Esclavo de su indolencia, de que resbala se olvida tan torpemente su vida de una en otra bacanal: y que depuesto el decoro de un caballero cristiano, vive como un africano, materialista inmoral.
La indolencia nativa resultó curable; esos hombres que parecían incapaces del mínimo trabajo, estimulados por el ejemplo y los consejos de estos extranjeros, y por los salarios que pagaban, se transformaron en peones hábiles y guapos, en servidores fieles y leales; y pudieron desde luego los cinco hermanos emprender las múltiples obras que los han hecho ricos y que mucho más aún: han abierto horizontes de infinita prosperidad a la pobre y despreciada Jujuy.
Ignórase aún el día en que se dio principio a la fundación de la capital de Venezuela y la diligencia de la generación presente sólo ha podido arrancar a la indolencia de la antigüedad datos para inferir que fue a fines del año 1567 cuando se estableció su Cabildo de que fueron los primeros miembros Lope de Benavides, Bartolomé del Álamo, Martín Fernández de Antequera y Sancho del Vilar, y éstos eligieron por primeros alcaldes a Gonzalo de Osorio y a Francisco Infante.
Pasaré unos meses entre las tribus salvajes, desconocidas para todos allá y que me aparecen como un elemento aprovechable para la civilización por su vigor violento las unas, por su indolencia dejativa las otras.