Ejemplos ?
Me era dulce admirar tus formas bellas y atender a tu acento regalado, cual lo es al miserable encarcelado el aspecto del cielo y las estrellas. Horas indefinibles, inmortales, de angustia tuya y de peligro mío, ¡Cómo volaron!
Pero la juventud venía y con ella todas las aspiraciones indefinibles. La música me cautiva profundamente. Recuerdo las largas tardes pasadas mirando tristemente las rejas de nuestras ventanas que daban a la libertad, a lo desconocido, y oyendo a Alejandro Quiroga tocar en la guitarra la vidalitas del interior, los tristes y monótonos cantos de la campaña y las pocas piezas de música culta que conocía.
Luego, acompañado de esas armonías indefinibles, solemnemente tristes, improvisó el yaraví que el pueblo del Cuzco conoce con el nombre del Manchay-Puito (infierno aterrador).
Hubiese preferido un buen regaño franco. Temores indefinibles la acongojaban. El padre, entretanto, iniciaba la tarea amarga de roerse el corazón queriendo averiguar lo que nunca averiguaría, pretendiendo reencarnar un pasado desvanecido, para pedirle cuentas.
Mi enojo fue mayor aún cuando supe que usía se había casado; enojo absurdo, porque usía ni me había prometido ni podía prometerme no casarse para ser fiel a las relaciones indefinibles en que soñé yo que estábamos.
Cual de tímida virgen el semblante que aún no del todo de jugar se olvida, mas que ya en ansias arde indefinibles, y del llanto veloz pasa a la risa; así en lóbrega lluvia nuestro cielo anega aterrador estas campiñas; mas, aun en medio de ella, de improviso del sol más vivos los destellos brillan.
-y señalaba hacia el chico, que, tiznado de carbón y churretoso de mil cosas indefinibles, jugaba con una caja de fósforos vacía y una lata de sardinas pringosa-.
La mirada de un hombre acostumbrado a sacar enormes intereses de su capital contrae necesariamente, como la del lujurioso, la del jugador o el artesano, ciertos matices indefinibles y ciertos movimientos furtivos, ávidos y misteriosos que no pasan nunca desapercibidos para sus correligionarios.
Sentimientos extraños, indefinibles, la obligaban a suspirar por la tarde, a la misma hora en que don Juan de Meneses, su dueño y señor, había partido.
El demonio constituía para él, la suma de una serie de fuerzas oscuras, indefinibles, que de personalizarse revestirían la figura de un financiero, cierto desalmado de rostro pálido y líneas largas, cuyo busto de atleta, enfundado en un jacket con solapas de raso, aparece recuadrado por una ventana metálica sobre un fondo enyesado de rascacielos superpuestos.
Elevándonos sobre las estrechas nociones de las sectas políticas y aun sobre los fallos de las leyes humanas, que sólo juzgan la exterioridad de los hechos, reconoceremos que en el drama revolucionario la obstinación y la constancia, el hombre de la facción y el hombre de la patria, el criminal y el mártir, están separados a veces por linderos oscuros e indefinibles; y que dondequiera que aparezca devoción desinteresada y adhesión a estandartes que la fortuna ha humillado, no puede haber una total ausencia de sentimientos generosos que ennoblecen el error, y redimen hasta cierto punto el delito.
En cambio, tenía cierto factótum, adicto como un perro y exacto como una máquina, en su hermano de leche, Amaro, que desempeñaba en las Bouzas uno de esos oficios indefinibles, mixtos de mayordomo y aperador.