impenitente


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impenitente

1. adj./ s. m. y f. Que se comporta con impenitencia recordó en sus versos a los que mueren impenitentes. penitente
2. Se aplica a la persona que no corrige cierta conducta o sus hábitos es un fumador impenitente. empedernido, incorregible

impenitente

 
adj.-com. Que muestra impenitencia.
fam.Que persiste en su error.
Sinónimos

impenitente

adjetivo y cosustantivo masculino
cosustantivo masculino
Traducciones

impenitente

impenitente

impenitente

ADJunrepentant, impenitent
Ejemplos ?
El de la izquierda representa a San Francisco de Borja despidiéndose de sus familiares en el Palacio Ducal de Gandía para ingresar en la Compañía de Jesús. A la derecha encontramos a San Francisco de Borja, ya sacerdote jesuita, que asiste a un moribundo impenitente.
Como uno de los principales animadores de la "Accademia granellesca" ("Academia testicular"), en la que era conocido por los pseudónimos de "Il Solitario" o "Lo Sperticato" (en alusión a su vida retirada y de soltero impenitente el primero, y a su notable estatura el segundo), fue autor de numerosísimos textos de despiadada sátira contra Chiari, Goldoni y cualquier espíritu "moderno" en los que no escaseaban los insultos o las obscenidades.
Y en este último año Basch gana por oposición ser cirujano jefe del hospital militar de Puebla, México, y prontamente es llamado al lado de Maximiliano; permaneciedo con el impenitente monarca por diez meses, hasta su ejecucuión por los revolucionarios, el 19 de junio de 1867.
177-191, que pertenece hoy sin embargo a la referida colección de Manuel José de Ayala (1728-1805), archivero del Consejo de Indias y grafómano impenitente que copió enorme cantidad de documentos relativos a América y no solo a ella.
El mismo autor habla acerca de la personalidad del poeta: «Flórez era un asocial, un bohemio impenitente al que sólo agradaba la compañía de espíritus fraternos, comprensivos, y que sólo se sentía a gusto junto a la mesa de una cantina, entre el humo de los cigarrillos y el tintinear de los vasos y botellas.
De familia montañesa de Burgos orientada desde generaciones hacia la jurisprudencia, fue un lector impenitente y confeso desde su niñez y adolescencia; poseyó una gran capacidad de trabajo, pero su escolaridad fue algo extraña y supervisada por quien sería arzobispo de Tarragona y luego cardenal, Benjamín de Arriba Castro; se matriculó como alumno libre en el «Instituto General y Técnico del Cardenal Cisneros» de Madrid, donde aprovechó indistintamente las convocatorias de junio y septiembre para examinarse durante los cursos de 1915 a 1916 y de 1916 a 1917 en que terminó la Segunda Enseñanza y se le concedió el «Grado de Bachiller».
De hecho, en las historias se abordan a menudo temas de actualidad, hasta el punto de que puede decirse que la historia de Tintín es la historia del siglo XX: la Guerra del Chaco (en La oreja rota), el expansionismo nazi (en El cetro de Ottokar), la guerra fría (en El asunto Tornasol), las guerrillas sudamericanas (Tintín y los Pícaros). Tintín, viajero impenitente, no tiene sin embargo un verdadero hogar.
Aunque al comprarla en obra gruesa las formas no le pertenecen al poeta, en su interior hay señales elocuentes de su gusto, de su impenitente búsqueda de una ornamentación personal.
¿Cuántos datos podríamos oponer a ese murmurador de café, a ese impenitente político que arregla los mundos desde su rincón en el dominio, en las aldeas, a veces en altas academias?
-¡Sea usted franca! -exclamó un día el impenitente solterón, devorando con los ojos las blanquísimas y hoyosas manos de su enemiga-.
No la mano, sino el pie, puso en el rostro del Capellán; acabó a golpes de hacha con cuanta imagen de santo había en el castillo, suspendió de la horca la estatua de San Miguel, patrón glorioso de su raza; convirtió la capilla en perrera, y las venerandas reliquias de mártires, que de siglos atrás guardaba la familia como tesoro preciosísimo, fueron arrojadas al muladar. Tras el furor, le sobrevino lamentable atonía; entróle frío en el tuétano, y murió, impenitente, blasfemo, espantoso.
El tal fraile, que se encontraba a la sazón preso en el convento en castigo de la vida licenciosa que con desprestigio de la comunidad traía, se comprometió a hacer apear de su asno al impenitente pecador.