ignominia

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ignominia

(Del lat. ignominia.)
s. f. Deshonra u ofensa que una persona recibe públicamente salió cabizbajo de la sala por la ignominia de que fue víctima. deshonor, oprobio

ignominia

 
f. Afrenta pública que uno padece con causa o sin ella.

ignominia

(igno'minja)
sustantivo femenino
ofensa grave que afecta la dignidad o el honor de una persona El acoso sexual es una ignominia gravísima.
Sinónimos

ignominia

sustantivo femenino
oprobio, deshonra, afrenta, deshonor, infamia, vergüenza. honor, dignidad.
Ignominia es el estado de la persona que, por sus acciones o por su conducta vergonzosas, ha perdido el respeto de los demás: vivir en la ignominia. Oprobio es el estado que sufre la persona indigna de estimación: caer en el oprobio. Afrenta designa la acción, circunstancia o suceso que hace que una persona sea o se sienta menos digna de respeto: es la afrenta de la familia. Infamia designa la situación que sufre una persona despreciable o despreciada, que no tiene honor o lo ha perdido: caer en la infamia.
Traducciones

ignominia

Schmach

ignominia

schande

ignominia

hańba

ignominia

SF
1. (= deshonor) → disgrace, ignominy
es una ignominia queit's a disgrace that ...
2. (= acto) → disgraceful act
Ejemplos ?
Porque de sus ceremonias sagradas o, por mejor decir, sacrílegas, conque creyeron que los debían reverenciar, y de sus juegos y fiestas abominables, donde celebran sus culpas y torpezas, con que se persuadieron que debían aplacarlos, siendo ellos mismos los autores de tales y tan grandes ignominias, bien claramente se puede echar de ver quiénes son los que adoran.
Los viles, los inicuos, los infames serán quienes comanden sociedades de ignominias, injusticias y derrames de traiciones, miserias, falsedades.
Las afrentas, las malas palabras, las ignominias y los demás denuestos súfralos como vocería de los enemigos, y como armas y piedras remotas, que sin hacer herida hacen estruendo cerca de los morriones; súfrelas sin mostrar flaqueza y sin perder el puesto, las unas como heridas dadas en las armas y las otras en el pecho; y aunque te aprieten, y con molesta violencia te compelan, es torpeza el rendirte: defiende, pues, el puesto que te señaló la naturaleza.
Recuerdo, sí, recuerdo todas aquellas ignominias del arte -y volviéndose a la hija continúa:- Figúrate, hija mía; anacronismo sobre anacronismo (Pepita no sabía lo que era esto); un tutunvulutum (totum revolutum), un vademecum (pandemonium) una caja de Pandorga (Pandora), en suma...
Tan numerosos vicios, tan enormes ignominias como mancillaban el matrimonio, tuvieron, finalmente, alivio y remedio, sin embargo, pues Jesucristo, restaurador de la dignidad humana y perfeccionador de las leyes mosaicas, dedicó al matrimonio un no pequeño ni el menor de sus cuidados.
Y esa amable criatura reanudó así la continuación de su relato: Es horrendo, señores —dijo la bella mujer—, tener que hablaros aún de ignominias parecidas a las que os expongo desde hace varios días; pero habéis exigido que reúna todo lo que a ellas se refiera y que no deje nada velado.
–Oriones en ascenso– II Pléyades de estrellas laceradas por milenios de ignominias y de afrentas, despojadas de la cósmicas sendas de las hadas parturientas de la fuerza taladraron mis cabinas aturdidas de vacío en pos de cierzo y rasgaron la silueta de soberbia, harta de silencios, que me navegaba.
Pues, ¿qué temeridad habrá tan descarada a Dios, que apoye, con ninguna color que la admita la vergüenza cristiana, que los vilísimos judíos sólo en Vuestros reinos triunfen de las afrentas e ignominias que, en venganza de la muerte de Jesucristo, les dan los herejes y los turcos?
Su semblante de ordinario resignado y dulce se transfiguraba al comentar las torturas e ignominias de los pobres y su palabra adquiría entonces la entonación del inspirado y del apóstol.
En vano se promulgan leyes, en vano se aplican reprensiones, elogios, ignominias y exhortaciones, y sin justicia se prometen premios a los buenos y penas a los malos.
Pensad, conciudadanos, en lo que significa para la patria la realización de estos ideales redentores; mirad a nuestro país hoy oprimido, miserable, despreciado, presa de extranjeros cuya insolencia se agiganta por la cobardía de nuestros tiranos; ved cómo los déspotas han pisoteado la dignidad nacional invitando a las fuerzas extranjeras a que invadan nuestro territorio; imaginad a qué desastres y a qué ignominias pueden conducimos los traidores que toleramos en el poder...
Tal vez en el terreno de las diputaciones y senadurías podríamos combatir con probabilidades de buen éxito en algunas localidades de la República (eso lo decidirán los Comités al compulsar su influencia), pero en cuanto a la presidencia y vicepresidencias, nada conviene intentar. ¿A qué elegir hombres para lanzarles a ser inútilmente maculados y heridos en ese campo de ignominias y abominaciones?