ibero

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ibero, a

1. adj./ s. HISTORIA De las tribus que habitaban, en época prerromana, la costa mediterránea y la zona meridional de la península Ibérica.
2. s. HISTORIA Miembro de estas tribus.
3. s. m. LINGÜÍSTICA Lengua preindoeuropea hablada por estas tribus.
NOTA: También se escribe: ibérico, iberio

ibero -ra o íbero -ra

 
adj.-s. etnol. Díc. del conjunto de pueblos que habitaban en la época de la conquista romana el litoral levantino español y los valles de los ríos Ebro y Guadalquivir. Los iberos poseían una lengua difícil de interpretar en la actualidad, y una escritura semisilábica. La cultura ibera surgió, probablemente, de un desarrollo autónomo de ciertas poblaciones de la Península, donde el contacto con civilizaciones del Mediterráneo oriental (fenicios, griegos, etc.) tuvo un papel fundamental.
m. ling. Ibérico.
Traducciones

ibero

Iberer

ibero

ibero

ibero

iberico

ibero

伊比利亚

ibero

伊比利亞

ibero

/a ADJ & SM/F íbero/a ADJ & SM/FIberian
Ejemplos ?
volved en vos; y aquel que un día amor de patria, aquéllas os animen con que humillasteis la arrogancia ibera, virtud sublime, austera, y ardiente sed de fama, y fe de limpio brillo; una es la senda a que la Patria os llama, uno el intento sea, uno el caudillo.
Vivo, Bolívar, tú, esa raza aleve, esa degenerada gente ibera, de las naciones europeas plebe, que hoy osa pisotear nuestra bandera, que hoy nuestras islas a invadir se atreve, ni tan sólo el intento concibiera, y apenas, separada por los mares, segura se creyera en sus hogares.
De muertes, proscripciones, suplicios, orfandades, ¿quién contará la pavorosa suma? Saciadas duermen ya de sangre ibera las sombras de Atahualpa y Moctezuma.
¡Pluguiese al Cielo, desdichada Cuba, que tu suelo tan sólo produjese hierro y soldados! ¡La codicia ibera no tentáramos, no! Patria adorada, de tus bosques el aura embalsamada es al valor, a la virtud funesta.
Envío ¡Oh tú, Azorín, que de la mar de Ulises viniste al ancho llano en donde el gran Quijote, el buen Quijano, soñó con Esplandianes y Amadises; buen Azorín, por adopción manchego, que guardas tu alma ibera, tu corazón de fuego bajo el recio almidón de tu pechera —un poco libertario de cara a la doctrina, ¡admirable Azorín, el reaccionario por asco de la greña jacobina!—; pero tranquilo, varonil—la espada ceñida a la cintura y con su santo rencor acicalada—, sereno en el umbral de tu aventura—.
Y tú para quien nada es cuanto he dicho, nada cuanto jamás decir pudiera, tú el más inmundo y asqueroso bicho, que hasta hoy brotó la podredumbre ibera: tú que la torpe pluma y torpe lengua siempre empleaste en alevosas tramas, que aún de esa cansa eres oprobio y mengua, y aun a Pinzón y a Mazarredo infamas: tú, cuyo nombre, oh miserable, omito, porque mi pluma en pestilente lodo no está empapada, y sólo fuera escrito dignamente tu nombre de tal modo: ¡Tú, aquí tan largos lustros tolerado, tú, viva encarnación de la insolencia, mostrar pudiste hasta qué heroico grado sube nuestra magnánima paciencia!
A ella, buenos y dichosos, todos la amáis, y, ciertamente, lo que indigno es, todos insignificantes y callejeros adúlteros, tú antes que todos, único de los de pelo largo, de la conejosa Celtiberia hijo, Egnacio, al que bueno hace tu opaca barba y tu diente, fregado con ibera orina.
¡Oh si ofrecieses menos fértil tema a bélicos cantares, patria mía! ¿Qué ciudad, qué campiña no ha inundado la sangre de tus hijos y la ibera?
"¡Señor, hoy paternal, ayer cruento, con doble faz de amor y de venganza, a Ti, en un dado de tahúr al viento, va mi oración, blasfemia y alabanza!" Este que insulta a Dios en los altares, no más atento al ceño del Destino, también soñó caminos en los mares y dijo: "Es Dios sobre la mar camino." ¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra más allá de la suerte, más allá de la tierra, más allá de la mar y de la muerte? ¿No dio la encina ibera para el fuego de Dios la buena rama, que fue en la santa hoguera de amor una con Dios en pura llama?
i pisoteada fue nuestra bandera por alevosas plantas españolas y donde tremolaba, allí altanera hoy tú, bandera de Isabel, tremolas; si la insolencia de la escuadra ibera surcando sigue nuestras libres olas, ¿qué decir quiere ese rumor incierto que habla de mediación y de concierto?
¡Salve, reina del mar, Sidón ibera, Puerto de la Victoria apellidada Por el romano triunfador Augusto, Cuando del fuerte cántabro imponía El yugo a la cerviz!
El hijo de Arcente ostentaba sus vistosas armas, su clámide primorosamente bordada, teñida de púrpura ibera, y su arrogante figura; su padre, que lo enviara a aquella guerra, le había criado en el bosque de Marte, a la margen del río Simeto, donde está el pingüe y propicio altar de Palico, Mecencio, depuesta la lanza, voltea tres veces alrededor de su cabeza la correa de su chasqueante honda, y partiendo, con el reblandecido plomo que dispara, las sienes del hijo de Arcente, lo tiende cadáver en el campo de batalla.