hurí

hurí

(Del fr. houri < persa huri < ár. hur.)
s. f. Mujer bellísima que, según la tradición musulmana, acompaña a aquellos que alcanzan el cielo.
NOTA: En plural: huríes

hurí

 
f. rel. Cada una de las mujeres bellísimas que, según la creencia musulmana, habitan el paraíso de Mahoma.
fig.Mujer muy hermosa.
Traducciones

hurí

Huri

hurí

houri

hurí

houri

hurí

huri

hurí

houri

hurí

HOURI

hurí

HOURI

hurí

HOURI

hurí

SFhouri
Ejemplos ?
En la creéncia coranista, no existe el concepto de hurí, pues los coranistas creen que Alá describe a frutas en el Coran en vez de mujeres.
Delos: Isla griega donde Leto dio a luz a los dioses Apolo y Artemisa. Hurí: Vírgenes en el paraíso islámico que esperan a los creyentes en el Janah.
hay que miniar el papel con una gota turquí de la sangre de una hurí recogida en un clavel, y tomando por pincel el pico de un colibrí, que no iba más que miel; en vuestro álbum, Isabel, no se escribe más que así.
Miss Herder, la feminista, me causó la impresión de estar dispuesta a convertirse al islamismo, porque junto al árabe le prodigaba los consuelos de una hurí pecosa (suponiendo que las huríes puedan tener pecas).
¡En los delirios de amor Tener un emperador Por galán, Recibir tiernos abrazos Y reclinarse en los brazos Del sultán! ¡De mil desamadas bellas Ser vista, pasando entre ellas Como aurora, Como hurí del embeleso Regalada con un beso Del que adora!
A él le hace el opio tal vez Soñar con alguna hurí, Y ver me hace una el Jerez En cada mujer a mí; Él reina en Constantinopla, Y yo, mísero coplero, Cuando quiero De él me río en una copla, Y de su rabia, si aborta, Poco me importa.
Conducida en su galera, Prisionera Fui cruzando el mar azul; Mucho lloré, sordos fueron, Me vendieron Al sultán en Estambúl. Él me llamó hurí de aroma Que Mahoma Destinaba a su vergel; De Alá gloria y alegría, Luz del día, Paloma constante y fiel.
con unos ojos de hurí, y una boca de coral; y un piececito limeño, y un donaire de gitana, y, y, y cien mil íes de más, en aquel cuerpo gentil.
En cuanto a la signora Fioravalle, padecía una ronquera crónica, de resultas de no sé qué percance; y las demás partes de la compañía, la que no tenía una mácula tenía otra. ¡Sólo la Duchesini era al par ruiseñor, hurí, hada, artista y, en particular..., sus pies, sus pies en El barbero!
¿quién te ha visto que el alma enamorada, no deje, al alejarse, suspensa sobre ti, y en otros horizontes, al nombre de «Granada» no surja ante sus ojos la sombra de una hurí?
De los papelitos resultaba que, al aparecer en el mundo la Duchesini, ruiseñores, cisnes moribundos, malvises y bulbules habían pegado un reventón de envidia; que la llama del genio cercaba su frente (la de la Duchesini); que era «divina»; que había nacido del apasionado contacto de un trovador y una hurí, y que al partir ella, Marineda, por algún tiempo transportada a la mansión de los ángeles, iba a caer en las tinieblas más profundas, en el limbo del dolor.
Pensamientos de este género ocupaban a Sotomayor, y al llegar a este punto, la ilusión tomaba cuerpo en una mujer, aquella hechicera hija del Betis, fija en su mente y en su corazón, con sus ojos de fuego, su boca de hurí y su andar de diosa...