humareda

humareda

s. f. Abundancia de humo la humareda alertó a los guardabosques.
NOTA: También se escribe: humarada

humareda

 
f. Abundancia de humo.

humareda

(uma'ɾeða)
sustantivo femenino
cantidad grande y densa de humo la humareda de un incendio
Traducciones

humareda

smother

humareda

affogare, fumata
Ejemplos ?
Ya el caudillo Eneas, ya Tarcón habían levantado las piras en la corva playa, donde cada cual, según la usanza patria, hizo llevar los cuerpos de los suyos, y al levantarse las llamas funerales, se envuelve el cielo en tenebrosa humareda.
Una humareda salió por el cofre y el coche rodó unos cuantos metros más por el impulso natural de la velocidad a la que venía, hasta detenerse.
¡Horizontes lejanos que parecen vagas costas del reino de los muertos! ¡Sombra, humareda, confusión y nieblas!... ¡Acá lo turbio..., allá lo indiscernible!...
La luz entraba al salón por los vidrios de la banderola teñidos de azul, de forma que en esa leonera de muros pintados de gris como los de una carnicería turca, flotaba una oscuridad que tornaba lechosa la humareda de los cigarros.
La segunda especie de estos insectos no es mayor que un grano de arena, no hacen algún ruido, como la primera especie, por cuya razón es más dañosa, pudiendo penetrar el más tupido lienzo; los cazadores se untan la cara con manteca de puerco por eximirse de tan enfadosas bestezuelas y la noche, estando en sus cabañas, queman tabaco en hoja, sin cuya humareda no pudieran reposar; de día no hacen mucho mal, si el menor viento se mueve, por manso que sea, las hace disipar.
COATLICUE, que miraba espantada la furia de su hija COYOLXAUHQUI que con una daga se arrojaba para matarla, sintió que la madeja de plumas se le caía y en medio de una humareda de copal vio como brotaba un hercúleo, hermoso y gallardo mancebo.
Estando, pues, bajo la tutela de tantos dioses romanos, no sería razón que fuera perseguida y afligida con tan grandes y horribles calamidades, como de muchas referiré algunas pocas, pues con una tan grande humareda...
En menos que canta un gallo, el hombre estaba trepado en la cocina, en medio de una humareda infernal, y metía la quila por el cañón haciendo salir racimos de chispas por todos lados.
Y cuando ya paró de tanto tirarse a tierra y tanto dar alaridos y mal decir sus funestas bodas contigo, malhadada, contratadas con tu padre Eneo, con las que comprara la ruina de su vida, entonces, alzando sus revueltos ojos por encima de la humareda que le envolvía, me vio a mi en medio de la muchedumbre, llorando, y clavándome los ojos me grita: «Hijo, acércate, no me abandones en mi desgracia, aun cuando hayas de morir con tu padre, que muere; levántame y sácame, y, sobre todo, ponme donde no me vea mortal alguno; o si me tienes compasión, a lo menos sácame cuanto antes de esta tierra para que no muera en ella.
Como resiste secular encina, afianzada en hondísimas raíces, al ímpetu del cierzo, y ni aún la frente inclina, así resiste el peruviano esfuerzo; y, al ver el español que no se abate más y más dobla su iracundo embate; y con frecuencia igual, de cada parte, serpëando entre nubes de humareda, raudos vuelan los rayos con que el arte los del tonante Jehová remeda.
Tu música son los golpes del martillo y la almádana con que el adusto cantero tosco granito desbasta: y tus aromas y esencias, los insalubres miasmas de dos fétidos tejares que densa humareda exhalan.
Pero entre él —Benincasa— y las bolsitas estaban las abejas. Después de un momento de descanso, pensó en el fuego; levantaría una buena humareda.