Ejemplos ?
«Libréme (dice) de las ruinas de mi casa, y huí por medio de las llamas que de todas partes estaban relumbrando; y no sé si el suceso que habrán tenido mis hijos será peor que el público.
Entonces se apoderó de mí un terror como nunca había sentido. Huí de la alcoba y me precipité a través de los desiertos salones, donde todo el esplendor se había apagado.
Gran ira en uno y otro el hecho puso, y espada en mano al fin dieron constancia. Viendo yo el hierro, del pavor llevada, huí a la selva oscura e intrincada.
El primero se convoca en el mes de sumbula (21 de agosto—21 de septiembre), el segundo, en el mes de huí (21 de febrero—21 de marzo).
«Compadre, me dijo, perdone que en tanto tiempo no le haya atendido; no me fue posible», y al pasarme la taza me rascó los dedos. Entendí, y a media noche, cuando los centinelas se durmieron, huí.
Este era el voto del club aristócrata: al oírle, al observar aquel horroroso espectáculo, me pareció que me hallaba en un club de bestias feroces que, ya cubiertas de sangre, se preparaban a despedazar nuevas víctimas y disputarse los fragmentos de la patria abatida sobre los cadáveres de sus mejores hijos. Huí espantado de aquel lugar execrable y desahogando mi dolor en el silencio del recogimiento, exclamé trasportado: amada patria mía, ¿será en vano que la fortuna te presentase por enemiga una nación degradada e imbécil, que las grandes potencias fijen la atención en el resultado de tus esfuerzos, que los ciudadanos sacrifiquen sus bienes y sus vidas por tus triunfos y que se hayan concedido los de Chacabuco y Maipú?
Inmediatamente, tembloroso, atormentado por ansias horribles, huí por los senderos más extraviados, los mas solitarios; y renunciando a mi patria y a mi hogar, como si verdaderamente fuese yo un asesino, determiné desterrarme voluntariamente, y fui a establecerme en la Etolia, donde me casé de nuevo.» He aquí lo que nos contó Aristómenes.
Esto cuando oí, cerrar los ojos más ya no pude, sino que, con la luz clara, del Gayo nuestro a la casa huí, como el tabernero pelado; y después que llegué a aquel lugar en el que de piedra las vestimentas se habían hecho, nada encontré sino sangre.
Mi esposa era digna, por sus virtudes y su hermosura, de que yo la hiciese feliz, y, visto que no podía lograrlo, decidí no hacerla desgraciada... Huí, pues, de la una y de la otra.» -¡Ah!...
Creo que mi alma vale más que mi cuerpo, puesto que ella me quiso, mientras las demás mujeres que me vieron me desdeñaron, y esto me obligó a ocultarme constantemente a mi vecina. Por eso huí las ocasiones de verla, para que Carlota no me viera a mí.
De pronto me vi centro de nudos, la piel vencida por parejas locas, rey de los hijos que partían sin verme y hecho de amigos, mientras ella duerme. Huí de fes, sin esperanzas mínimas cayó el diluvio en mis goteras náufragas y añoré el tiempo que perdí por sierpes que me fingieron ser eterna algarabía.
Creo que mi alma vale más que mi cuerpo, puesto que ella me quiso, mientras las demás mujeres que me vieron me desdeñaron, y esto me obligó a ocultarme constantemente a mi vecina. Por eso huí las ocasiones -47- de verla, para que Carlota no me viera a mí.