Ejemplos ?
¡Llora conmigo cuanto quieras! -respondió don Jorge, atrayendo hacia su corazón la cabeza de la pobre huérfana, y acariciándole el pelo con la otra mano-.
-¡Valgan lo que valieren! -repuso la huérfana con pesadumbre-. Ello es que dejaré de vivir a costa de su bolsillo de usted; o de la caridad de su señor primo.
-¡Buen modo tiene usted de respetar la memoria de mi madre! ¡Bien cumple los encargos que le hizo en favor de esta pobre huérfana!
Ante el altar de la Deidad impura, Huérfana de ideal, la juventud Contra el amor del alma se conjure Proclamando el placer como virtud.
Que hagan los españoles dramas sin reglas...: mais nous, nosotros, que no somos españoles y que no sabemos, por consiguiente, hacer comedias malas; mais nous, que hemos introducido en el Parnaso el melodrama anfibio y disparatado, lo que nunca hubieran hecho los españoles; mais nous, que tenemos más orgullo que literatura; mais nous, que en nuestro centro tenemos a todo un Ducange, que nos envanecemos de haber producido La huérfana de Bruselas...
-No; mi mujer... -y adivinando quizá mi pensamiento, añadió-: una prima mía; se quedó huérfana, me dio lástima y me casé... -Siempre fue usted una excelente persona- declaré sonriendo.
No estabais compensados, hija mía. ¿Habrá alguna pareja que lo esté? Por eso se lo preguntaba. Usted era huérfana, ¿no es así? -Sí. -¿Y era institutriz?
Pero fué el caso que la chiclayana, que nunca había tenido hijos, en los ocho días transcurridos desde aquel en que reci- bió la prenda, tomóla cariño y decidió quedarse con ella, de- cisión favorecida por la circunstancia de que la huérfana estaba ya en condiciones de destete.
¡Justifícase, por consiguiente, que, al sentir que me muero, le haya llamado a usted para despedirme, y que, con las manos cruzadas, y llorando por la última vez en mi vida, le diga a usted, desde el borde del sepulcro: "¡Capitán: sea usted el tutor, sea usted el padre, sea usted un hermano de mi pobre huérfana!...
Si venido se ha del reo a la banqueta, cuando el orador incita al llanto, los hace brillar él; si cabe la pira de un devoto hijo se plañe, huérfana cuando le llora, único, su madre, los hace brillar él.
Ese mismo em- peño en hacer su autobiografía nos es sospechoso por lo im- propio y rebuscado, pues ninguna mujer románticamente ena- morada de un hombre, á quien no conoce más que por sus comedias, es capaz de imaginar que, para obtener correspon- dencia de afectos, la sea preciso contar, de buenas á prime- ras, ai hombre de su amor, que los abuelos de ella fueron de los conquistadores del Perú y de los que fundaron la ciudad de los caballeros del León de Huánuco; que, niña aun, quedó huérfana y confiada á la tutela de una tía...
-Es usted muy compasivo... -prosiguió la huérfana-, y le agradezeco con toda el alma lo que padece al ver que en nada puede ayudarme...