Ejemplos ?
En la parte del Uruguay correspondiente a la Banda Oriental, vemos en cambio, que los pueblos surgieron y crecieron o desaparecieron como broto espontáneo de la tierra, tal como aun hoy mismo se ven hacer las barriadas de lata y las aglomeraciones calificadas por su triste sordidez, de pueblos de ratas en los extremos de algunos lugares, villas y ciudades.
–Entonces, ¿está en condiciones de rendir cuentas, usted? –Si quieren, hoy mismo a mediodía. La contestación lo salvó transitoriamente.
Diz que los padres cruciferos de San Camilo andaban abu- rridos con el prelado que, á mañana y tarde, les hacía servir en el refectorio un guisote conocido con el nombre de chanfaina. Fama tiene, hoy mismo, la chanfaina de la Buenamuerte.
Pero el otro problema inherente a esta situación es que esos miles de habitantes que se han quedado sin casa tienen un problema inmediato, el de hoy día, no el del futuro, no el de formar comisiones en el futuro, el de hoy mismo, sus relaciones contractuales con el dueño de su vivienda.
En una familia pobre, que habitaba en la vecindad de mi casa, ocurrió, por ejemplo, que el espectro de un coronel peninsular se apareció a un joven y le reveló un tesoro enterrado en el patio. El joven murió de la visita extraordinaria, pero la familia quedó rica, como lo son hoy mismo los descendientes.
-¡Ah, no compadre, que por plata no quede! -le contestó el visitante-. Hoy mismo tendrá usted esos reales. -Gracias, compadre, y no esperaba menos de su bondad; pero por lo que potest, le daré un libramiento contra mi primo.
—Que me entregue unos prisioneros. Es preciso que hoy mismo me aviste con él. Sor Simona movió la cabeza: —Ya le digo que no piense en tales locuras.
Un maldito ojo de gallo que me está haciendo ver estrellas. —Hombre, eso es muy serio Al ojo con el codo No se descuide, y vea hoy mismo al oculista.
«Usted mismo, que es capaz de espantarme con un palo...» «Nada de eso.» «Pues si no me pega usted, cónstele que voy..., a ver si me querrá usted tanto así cuando vea que soy una buena persona, aunque me esté mal el decirlo...; y yo también me convenceré de que usted no es un tirano, sino un barbián simpático y amable...» A la hora de comer, don Laureano rezongó entre los vapores de la sopa: -No sé por qué has de andar corriendo la fama de que soy raro... ¿Te quito yo ningún gusto? Hoy mismo vendrá aquí esa amigota que te echaste en el sanatorio...
-le vocea al triste moco- suelo-. Y yo averiguaré hoy mismo diónde lo sacastes. ¡Y ya sabés!: si vienen aquí los policías a poner pereque, te doy una muenda que te habés de acordar de yo toda tu puerca vida!
El marido, la matrona y las vecinas calificaron de brujo a ño Cabrera, y hoy mismo no hay quien le apee el mote de Chirote el brujo, a lo cual contesta él con mucha flema: -Merecido lo tengo.
Pero tienes tiempo para pensarlo. Preséntate hoy mismo al señor conde de la esquina, y da gracias a Dios por haber puesto a este hombre en tu camino.