horrendo

(redireccionado de horrenda)
También se encuentra en: Sinónimos.

horrendo, a

(Del lat. horrendus, que hace erizar los cabellos.)
1. adj. Que causa horror la prensa habla del horrendo asesinato de anoche. horroroso, , horrible, hórrido
2. coloquial Muy feo o muy malo lleva un vestido horrendo; esta comida es horrenda. horroroso
3. coloquial Muy intenso o fuerte tengo una sed horrenda; tiene unas ganas horrendas de casarse. enorme

horrendo, -da

 
adj. Que causa horror.

horrendo, -da

(o'rendo, -da)
abreviación
1. que causa miedo u horror El accidente ofrecía un espectáculo horrendo
2. que es muy feo o causa desagrado comida horrenda
Sinónimos
Traducciones

horrendo

orrendo

horrendo

رَهِيب

horrendo

příšerný

horrendo

skrækkelig

horrendo

schrecklich

horrendo

hirvittävä

horrendo

užasan

horrendo

恐ろしい

horrendo

끔찍한

horrendo

afgrijselijk

horrendo

forferdelig

horrendo

straszliwy

horrendo

horrendo

horrendo

fruktansvärd

horrendo

น่ากลัว

horrendo

korkunç

horrendo

kinh khủng

horrendo

可怕的, 可怕

horrendo

可怕

horrendo

ADJ
1. (= aterrador) [crimen] → horrific, ghastly
2. (= horrible) [ropa, zapatos] → hideous, ghastly; [película, libro] → dreadful; [frío, calor] → terrible, dreadful, awful
tengo un hambre horrendoI'm terribly hungry
Ejemplos ?
Viene el otro picarón a sentir el calor del verano y porque yéndose a rascar la comezón de una ladilla frisona le estorbó el matarla una horrenda población de pendejos que topa hacia el culo, determina de matarlas con unas tijeras y teniendo las manos torpes y no ver lo que hace ni poder sufrir más el ser puerco abre a tijeretazos el pobre culo.
Los incendiarios, espantados del fin que preveían, se habían arrodillado, y renaciendo en ellos ante la horrenda muerte el misticismo y la devoción, imploraban a todos los santos nacionales: San Cirilo, San Alejo, San Sergio, la Virgen de Kazán...
I - Pescara y los españoles De la sitiada Pavía, desde las gigantescas torres que el bravo Antonio de Leiva guarda con sus españoles, entre nubes de humo y polvo do arcabuces y cañones, de rayos llenan el aire, de truenos el horizonte, se ve la horrenda batalla en que disputan feroces Francisco y Carlos el cetro de Italia y de todo el orbe.
Como se ve desde lejos el humo que, saliendo de una isla donde se halla una ciudad sitiada por los enemigos, llega al éter, cuando sus habitantes, después de combatir todo el día en horrenda batalla, al ponerse el sol encienden muchos fuegos, cuyo resplandor sube a lo alto, para que los vecinos los vean, se embarquen y les libren del apuro; de igual modo el resplandor de la cabeza de Aquileo llegaba al éter.
El Atrida, poniéndole el pie en el pecho, le despojó de la armadura; y blasonando del triunfo dijo: —¡Así dejaréis las naves de los aqueos, de ágiles corceles, oh teucros soberbios e insaciables de la pelea horrenda!
Mientras dormía en su cama en casa del Dr. Leete, se vio agobiado por una horrenda pesadilla. Le pareció que abría sus ojos para encontrarse en su cama de la cámara subterránea donde el hipnotizador le había dejado dormido.
En lo profundo, y como si dijéramos en las entrañas de la tierra, se oía un ronco hervor, semejante a la respiración de un coloso aherrojado, y de rato en rato, con un intervalo muy corto, después de una detonación horrenda...
Mas Poseidón, que ciñe y bate la tierra, asemejándose a Calcante en el cuerpo y en la voz infatigable, incitaba a los argivos desde que salió del profundo mar, y dijo a los Ayaces, que ya estaban deseosos de combatir: —¡Ayaces! Vosotros salvaréis a los aqueos si os acordáis de vuestro valor y no de la fuga horrenda.
Y troyanos y licios por una parte y mirmidones y aqueos por otra, cerraron las falanges, vinieron a las manos y empezaron a pelear con horrenda gritería en torno del cadáver.
Y tú, hijo mío, o me seguirás y tendrás que ocuparte en viles oficios, trabajando en provecho de un amo cruel; o algún aqueo te cogerá de la mano y te arrojará de lo alto de una torre, ¡muerte horrenda!, irritado porque Héctor le matara el hermano, el padre o el hijo; pues muchos aqueos mordieron la vasta tierra a manos de Héctor.
Su horrenda voz, no su dolor interno Cabras aquí le interrumpieron, cuantas -Vagas el pie, sacrílegas el cuerno- A Baco se atrevieron en sus plantas.
ominando el rebaño de la humanidad horrenda mostraban las hirsutas melenas por momentos los mendigos de azul, perdidos en la senda.