homo-


También se encuentra en: Sinónimos.

homo-

pref. Componente de palabra procedente del gr. homos, que significa igual homosexual; homónimo.

homo-

 
Prefijo procedente del gr. homós, el mismo.
Ejemplos ?
Y si todo es signo y vivimos envueltos, rodeados, manipulados, obligados, dirigidos, habituados, necesitados de los signos, la Semiótica se convierte en un instrumento crítico para la educación liberadora que transforme al homo sapiens en el neo sapiens sapiens del siglo XXI.
¡Homo, humus; farnay fumus; finiSj cinisi En cuanto á los versos de cabo roto, de que él fué el inventor, á pesar del empeño de Cervantes por popularizarlos, puede decirse que no han hecho ni harán fortuna.
¡No han querido enterarse! Hubo que subir al saloncillo. Ecce homo. Allí había de todo. Amigos verdaderos, indignados de verdad; amigos falsos, más indignados al parecer.
No había dinero en casa: debían en el homo y en la tienda, y el señor Tomás, un patrón retirado, dueño del pueblo por sus judiadas, los amenazaba continuamente si no entregaban algo de los cincuenta duros con intereses que le había prestado para la terminación de aquella barca tan esbelta y tan velera que consumió todos sus ahorros.
Esta nobleza, bien distinta de la que aplaudía a Terencio cuando resonaba el teatro romano con aquel dicho del poeta: «Homo sum, nihil humani a me alienum puto», no podía dejar la silla a no ser que perdiese el rejón, la lanza, el guante o el sombrero, en cuyo caso no podía volver a montar sin haber dado antes muerte a la fiera y recobrado la prenda perdida.
omo en agosto Valencia entera desfallece de calor, los trabajadores del homo se asfixiaban junto a aquella boca, que exhalaba el ardor de un incendio.
La gramática, por tanto, nunca podrá simplificar al homo y a la fémina sapiens, a menos que ellos y ellas se primitivicen a sí mismos y se conviertan cada día más, en estupidizadas entidades biológicas de tendencias unicelulares hasta su desaparición.
Cuando se descorría la mampara de hierro que tapaba el homo, las llamas enrojecían las paredes, y, su reflejo, resbalando por los tableros cargados de masa, coloreaba los blancos taparrabos y aquellos pechos atléticos y bíceps de gigante que, espolvoreados de harina y brillantes de sudor, tenían cierta apariencia de femenil.
Si es indispensable para que una sinfonía sea buena que nos fastidie, o que aprendamos antes a no fastidiarnos para hallarla buena, renunciamos generosamente a la calidad de músicos por conservar la de hombres, diciendo con Terencio: Homo sum et nihil humani a me alienum puto .
Forma esto un cuadro de los que Schetz se complace y sobresale en pintar, y yo me figuro que Murillo al pasar por este sitio estuvo más de una vez tentando de reproducirlo en sus lienzos. La leyenda de este Ecce-Homo debe ser curiosa y conmovedora, pero aún no me ha sido posible averiguarla.
Como consecuencia, dentro de esa gran “maquinaria cósmica”, infinita y eternamente móvil, ¿qué lugar tienen los vanidosos homo sapiens sapiens que centraron su conciencia en su individualismo ególatra?
Las palas se arrastraban dentro del homo, dejando sobre las ardientes piedras los pedazos de pasta, o sacando los panes cocidos, de rubia corteza, que esparcían un humillo fragante de vida; y, mientras tanto, los cinco panaderos, inclinados sobre las largas mesas, aporreaban la masa, la estrujaban como si fuese un lío de ropa mojada y retorcida y la cortaban en piezas; todo sin levantar la cabeza, hablando con voz entrecortada por la fatiga y entonando canciones lentas y monótonas, que muchas veces quedaban sin terminar.