hispanofilia

hispanofilia

 
f. Simpatía por lo español.
Ejemplos ?
Tras pasar revista a los propagadores de este sentimiento desde Juan Ginés de Sepúlveda, Francisco de Quevedo, Benito Jerónimo Feijoo, etc., hasta el aragonés Lucas Mallada, cuya obra desaprueba, menciona los defectos del Idearium español propuesto por Ángel Ganivet y trata la hispanofobia francesa como un grave mal, atenuado por la hispanofilia alemana.
Su hispanofilia le lleva a componer en 1935 el poemario Vientos de la mañana, que se encuentra extraviado pero del que se tienen referencias a través de investigaciones realizadas por el investigador africanista Guillermo Pié Jahn.
Posteriormente, en coincidencia con la hispanofilia y la admiración por Goya impulsada por Manet y otros maestros, Bonnat cobró estimación como retratista.
Pero fueron escritores y pensadores como Juan Pío Membrado Ejerique, Julio Senador Gómez, Constancio Bernaldo de Quirós, Antonio Rodríguez Martín, Luis Morote, Ramiro de Maeztu, Pere Corominas, Adolfo Posada, Basilio Paraíso Lasús, Francisco Rivas Moreno o José Ortega y Gasset quienes principalmente prolongaron este movimiento intelectual hasta el estallido de la Guerra civil española en 1936. Arbitrismo Caciquismo Carlismo Krausismo Proyectismo Hispanofobia Hispanofilia Ilustración
En cambio, otros extranjeros supieron poner en valor las peculiaridades que encontraban en España, desatando una verdadera «hispanofilia» desde el romanticismo, para el que España era el punto más cercano donde encontrar la atracción morbosa del exotismo, forzando la percepción para confirmar las expectativas que la dibujaban como tierra de bandoleros, toreros y gitanos, (Carmen, de Prosper Mérimée, convertida en ópera por Bizet); y retroceder a una ucrónica Edad Media, poblada de refinados reyes moros decadentes (Cuentos de la Alhambra, Washington Irving) y sombríos inquisidores (El pozo y el péndulo, Edgar Allan Poe).
Curiosamente, coincide en el tiempo con un rebrote de la «hispanofilia» que había caracterizado a la solidaridad con la España doliente de 1936 y que, cuarenta años más tarde, se extendió a la admiración internacional por la forma pacífica en que se produjo la llegada de la democracia, que fue puesta como modelo para las dictaduras americanas en la década de 1980 y para el este de Europa desde 1989.
La hispanofilia a Bölh de Faber le indujo a coleccionar literatura española y acumular una importante biblioteca; en sus viajes a Alemania asimila la estética de los hermanos August Wilhelm Schlegel y Friedrich Schlegel sobre arte, literatura y, en particular, sobre Pedro Calderón de la Barca; de hecho, los Schlegel, junto con su hermana Dorothea, habían traducido sus obras al alemán.
En cuanto a la hispanofilia, surge la palabra malinchista para designar a los mexicanos que admiran y quieren a los extranjeros (principalmente hacia los españoles, estadounidenses y franceses en épocas pasadas); esta palabra surge de Malintzin, hija de un gobernante cempoalteca que fue ofrecida a los exploradores españoles y que les sirvió de intérprete en su conquista del Imperio Azteca.
Los crímenes de las guerras de independencia y las leyes de expulsión se cebaron sobre miles de familias españolas de toda condición, afectando con mayor severidad a los más humildes o a los de mayor arraigo en el país, en un ambiente de creciente de hostilidad contra todo lo español. En México existen paralelamente sentimientos de hispanofobia y de hispanofilia.
Después del triunfo del liberalismo en la Intervención francesa y la Revolución mexicana, la hispanofobia se impondría sobre la hispanofilia en la política mexicana y como consecuencia esto afectaría profundamente en la perspectiva del legado español en México.
En México existe paralelamente sentimientos de hispanofobia y de hispanofilia, la educación del país se ha enseñado por periodos importantes que marcan la identidad nacional, la época precolombina, la época colonial, la independencia, el nacimiento de la república y la revolución mexicana, donde hace ver muchas veces a los españoles como opresores e invasores.
Los libros de viajes escritos por entonces mantienen y avivan aún más ese interés, que acaba por despertar un impulso más serio y científico hacia el estudio de la cultura española e hispanoamericana, que no tenía palabra acuñada para denominarse en español y se designó a fines del siglo XIX con los vocablos hispanófilo e hispanofilia (así, por ejemplo, Juan Valera), y que a principios del siglo XX terminó por llamarse Hispanismo.