hipo-

hipo-

pref. Componente de palabra procedente del gr. hypo, que significa debajo hipodermis.

hipo-

 
Prefijo procedente del gr. hypó, debajo. Denota inferioridad o subordinación.
quím. Indica un grado menor de oxidación.

hipo-

 
V. hip-, caballo.

hipo-

(ipo-)
prefijo
se usa para formar nombres con el significado de "caballo" hipocampo, hipódromo

hipo-

(ipo-)
prefijo
se usa para formar nombres y adjetivos con el significado de "debajo de" o "inferior" hipónimo, hipocalórico, hipocentro
Ejemplos ?
-Pos mismamente por eso he vinío yo, poique hier tarde, estando yo en la recoba, me dijo Joseíto el Cabritero: «Oye tú, Enrique -poique el Cabritero y yo nos hablamos de tú, poique semos mu amigos y además cuasi parientes, porque una hermana de él, Rosita la Buñolera, está casá con un primo hermano mío que tiée una tocinería en el barrio de la Goleta; por cierto que es un mozo de una vez, uno de los que quitan el hipo.
Tuvo también una sagrada estirpe de hijas que por la tierra se encargan de la crianza de los hombres, en compañía del soberano Apolo y de los Rios y han recibido de Zeus este destino: Peito, Admeta, Yanta, Electra, Doris, Primno, la divina Urania, Hipo, Clímene, Rodea, Calírroe, Zeuxo, Clitia, Idía, Pisítoa, Plexaura, la encantadora Galaxaura, Dione, Melóbosis, Toa, la bella Polidora, Cerceis de graciosa figura, Pluto ojos de buey, Perseis, Yanira, Acasta, Jante, la deliciosa Petrea, Menesto, Europa, Metis, Eurínome, Telesto de azafranado peplo, Criseida, Asia, la deseable Calipso, Eudora, Tyche, Ánfiro, Ocírroe y Estigia, la que es más importante de todas.
La verga reprime todo murmullo, y ni los ruidos involuntarios como la tos, el estornudo, el hipo quedan libres de azotes; con grandes castigos se paga el haber interrumpido con cualquier sonido el silencio; tienen que pasar toda la noche en ayunas y con la boca cerrada.
Y Severo de continuo elevaba acciones de gracias al gitano aquel, que le había resuelto cuantas dificultades complican la existencia, quitándole el hipo y el flato del ideal...
Calló Pausanias y a Aristófanes le llegó el turno de hablar, como le dijo Aristodemos, pero no pudo por atacarle un hipo debido a haberse excedido en la comida o a cualquier otra causa.
¡Como que na más que de recordar aquello se me va la vista! ¡Lo creo, hijo mío, esas cosas le quitan el hipo a cualesquiera! -Pos bien, señó Casimiro, lo que pasa: yo, al ver lo poquitillo que vi, perdí el habla, y ella se comió la partía, y la verdá es que yo lo que jice no sé, pero lo cierto es que la gachí me sortó un guantazo que sonó como un barreno, y que yo, sin jacer caso del bofetón, empecé a darme besos y más besos en la parma de la mano.
Bamboleada ante hoyos de noche cuya profundidad sentía en el retumbo de los desprendidos guijarros; casi colgada de ramas que asía al tanteo; crispado a cada instante el pie sobre el riesgo mortal de tajantes deslizaduras; arañada por espinales que le arrancaban al pasar jirones y cabellos; desamparada hasta la demencia en la angustiosa inmensidad, llegó por fin al fondo del precipicio, entre peñas imponentes, donde le advirtió un remanso el reflejo de las estrellas. Un pedrusco saltó bajo su mano, al azar del roce, dio sobre el agua, revelando la hondura con sumido hipo musical.
Cincuenta años y un chirlo que le tomaba frente, nariz y belfo, hacían de nuestro hombre un novio como un lucero... sin brillo. Por lo feo podía Diego Hernández servir de remedio contra el hipo. ¡Bocado apetitoso, a fe mía!
Oíanse, en la salita contigua a mi alcoba, el hipo y los sollozos de mamá, la aflicción de mi hermana mayor, y los cuchicheos del servicio, las entradas y salidas de amigos aficiosos, todo lo que entreoye desde la cama un enfermo grave; y a poco me resonaban en el cerebro las conocidas pisadas de Lazcano, que medía el paso igual que un recluta, y entraba mandando, en tono gruñón, que se abriesen las ventanas y no estuviese la chiquilla «a oscuras como en un duelo».
-Pos di tú que si lo llego yo a saber me meto en cama y me pongo una bizma por no tropezarme a ese querubín. ¡Camará!, que me ha dao hipo y se me ha cortao toíto el cuerpo.
El cuerpo estaba hundido entre las breñas. —Ah!...Ciriaca—exclamó con un hipo violento. Enseguida extendió los brazos y cayó a plomo sobre Sanabria.
¿Y qué le ha jecho al Garabato? -Pos cuasi na, cortarle el hipo de una puñalá trapera de las que están pidiendo a voces el Santolio.