Ejemplos ?
En los colegios y en los conventos se limpiaba, y forjaban armas; los salones se habían convertido en boticas, donde las manos más bellas preparaban hilas y remedios, mientras otras formaban cucardas para los combatientes.
Resolvió, por tanto, no dirigirle más la palabra, y se limitó a hacer hilas y vendas, y a preguntar una vez y otra, con vivo interés, al impasible doctor Sánchez, cómo encontraba al herido (sin dignarse a nombrar a éste?
Yo distinguí en el fondo crepuscular de una sala blanca entarimada de nogal, un grupo de mujeres con tocas, haciendo hilas y rasgando vendajes.
Y declara con juramento es sano y entero de sus miembros y que no ha tomado sudores ni unciones, ni usado de bragueros ni de hilas ni de otros pertrechos asquerosos, ni ha sido circuncidado.
Pues bien, pregunten ustedes por las hilas de tío Selmo en el pueblo en que éste vive, y le dirán sus convecinos, uno a uno, o a coro si se prefiere: -¡Maníficas!
El cual quemó aquel Indio y lo hizo polvos, porque el cuesco es duro, y no se puede moler sin quemarlo, y echóle el polvo en las llagas, que las tenía con mucha carne podrida, y muy sucias, las cuales con el polvo se limpiaron muy bien, y le sacaron toda aquella carne podrida hasta el hueso, y después de limpiar, con hilas y poco de las polvos, se le comenzó a criar carne nueva, hasta que se hincharon de carne, y sanaron muy bien.
24 También refiere del muchacho Hilas la malograda historia, cómo y cuándo arrebatado fue de aguas tranquilas, y llorado de un Hércules; sonando Hilas el monte, el Argonauta Hilas.
Conque, imparcialísimos lectores, me parece que después de lo que ustedes han visto y han oído en casa de tío Selmo Lombío, no podrán menos de concederme que si haciendo literatura, y música, y política, y galanteos, y chismografía, y sorbiendo y jugando es como mejor se utilizan las largas noches del invierno, a este propósito las hilas de la Montaña no tienen nada que aprender de las soirées del «gran mundo», ni que envidiarles...
¡Aquél era un hombre amigo de cortar, de sajar y raspar! Usted le iba dando los instrumentos, las hilas y las esponjas. ¡Y con qué orgullo decía, una vez hecha la operación, mirando el reloj de bolsillo: «¡Cinco minutos, señores!» ¡Oh!
El domador de monstruos fuerte y fiero Estas flechas usaba, Y Hilas las guardaba: Con estas castigó bien al ligero Centáuro; mas no sé donde saliéron, Que de improviso en Roma pareciéron.
Me mandas un poema muy bonito, de la escuela poética estudiantil, para mi aprobación; yo contesto con una carta de fantásticos conceptos literarios te comparo con Hilas, o Jacinto, Jonquil o Narciso, o alguien a quien el gran dios de la Poesía favoreciera y ho nrara con su amor.
Con este dato, adivine el perspicaz lector por qué se llaman hilas y no soirées ni recepciones las tertulias montañesas del género y calidad de la que yo voy a describir.