hidrópico

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hidrópico, a

(Del lat. hydropicus < gr. hydropikos, hidrópico.)
1. adj./ s. MEDICINA Que padece hidropesía.
2. adj. literario Insaciable, que no se puede saciar o hartar exigía atenciones, hidrópico de cariño.
3. Que tiene mucha sed. sediento
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

hidrópico, -ca

 
adj. Que padece hidropesía, esp. de vientre.
Insaciable.
Sediento con exceso.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

hidrópico

idropico

hidrópico

ADJdropsical
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Quiero por mis turgencias semihidrópicas chupar el zumo de hojas heliotrópicas.» Atónito el lagarto con lo exótico de todo aquel preámbulo estrambótico, no entendió más la frase macarrónica que si le hablasen lengua babilónica; pero notó que el charlatán ridículo, de hojas de girasol llenó el ventrículo, y le dijo: «Ya, en fin, señor hidrópico, he entendido lo que es zumo heliotrópico.» ¡Y no es bueno que un grillo, oyendo el diálogo, aunque se fue en ayunas del catálogo de términos tan raros y magníficos, hizo del gato elogios honoríficos!
Se veían brahmanes con turbantes chatos como la torta de una vaca; músicos con tamboriles revestidos de pieles de serpiente y trompetas en forma de cuerno de elefante; chicos descalzos, de vientre hidrópico y desnudo; sacerdotes budistas con la cabeza afeitada; parias cubiertos de polvo como lagartos y más desnudos que monos; jefes candianos, tripudos, con grandes fajas recamadas en oro y sombreros descomunales como fuentones de plata.
Hartas ya las pulgas, arrastrando el hidrópico vientre, bailaron con ardor un vals, Jacobo no reía, deseaba llorar, porque el hombro le escocía como una quemadura.
¿Diré que el mar violento hidrópico bebió, bebió sediento, la fuentecilla fría que en su orilla nacía, siendo cuna y sepulcro, vida y muerte?
Con este embeleco pretendió Nise disponer en el pecho de don Lope unos principios de odio y, con fingidos chismes, el desprecio de Mitilene, e introducido de su intento y designio, sustituirse firme en quererle; pero él, confuso con lo que vio y sospechoso con lo que oyó, se fue luego y consigo propuso de vencer todos los inconvenientes que se le ofreciesen y verse con Mitilene, por no morir sin el consuelo de poder decirle su dolor, que suele un triste divertirse con el mismo tormento de que muere y un hidrópico recibir breve consuelo y refrigerio con el beber que le consume; y por este respeto quiso entender y discernir qué delitos en él hubiese dignos del excesivo rigor de no quererle y elegir nuevo esposo.
Tres nobles genios, la Historia con la Fe y la Poesía, las flores del alma mía vinieron a cultivar: y a la luz de la memoria cuantos entes existieron, para hablarme se vinieron en mis flores a albergar: desde la larva infusoria y el átomo microscópico, al monstruo enorme e hidrópico que habita el fondo del mar.
Año tras año crece el infierno, y la iglesia tenebrosa, que debió salvar al hombre, engorda día por día al infierno, y el infierno triste crece, crece, sin que haya una posibilidad de hacerlo más pequeño. Y los ángeles miran con miedo la iglesia tenebrosa y el infierno rojo inflado como el vientre de un hidrópico.
El catolicismo, materialista como un banquero hidrópico, trafica y hace política; compra, vende y manda representantes de su partido a los parlamentos; la empresa marcha, los dividendos no son malos.
Mas, como antes he dicho, estaba ya tan lejos de los incentivos carnales, que ni vestigio siquiera de movimiento deshonesto experimentaba en aquella edad: pues había llegado a tanta vejez y a tal punto de necesidad que, estando hidrópico, permitía que aquellas santas mujeres 1avasen su cuerpo, permaneciendo siempre muy ajeno de sentir nada ilícito.
Una muralla eterna circundaba el desierto a la orilla del mar, el cielo verde se oxidaba en los ladrillos del muro, y en las paredes de las torres rojas, las olas entrechocaban miríadas de peces gordos y tuertos, monstruosos peces ventrudos enfermos de lepra marina, mientras que un negro hidrópico amenazaba con el puño a un ídolo de sal.
Amimitl era, según Torquemada, especialmente adorado en Cuitlahuac (actual Tláhuac) una isla del lago Chalco. Este dios de la pesca expresaba su descontento a los subditos con enfermedades de carácter hidrópico o acuoso.
En la bóveda fueron labradas copiosas escenas con iconografía del Evangelio: Purificación del templo (expulsión de los mercaderes) Parábola de la mujer adúltera Dos curaciones, la del hombre hidrópico en un sábado y la del ciego de Betsaida (que va vestido de peregrino, en alusión al Camino de Santiago) Escena del Descendimiento con alegorías de la Inocencia y la Piedad.