hice


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hice


V hacer
Ejemplos ?
Sus mejillas, antes encedidas por la disputa, estaban ahora pálidas. El alma se le achicaba. «Hice mal, pero no es cosa de volverse. Tengo miedo-pensó-.
-exclamó con su gramática de Mondoñedo-. ¡Bien hice yo en no salir! ¡Buenos forados habrían abierto las balas en mis tres refajos!
Llegada la tarde y convencido por la distancia de ocho millas que nos separaba de la Unión que era inútil continuar la caza, a las siete de la noche, estando a la altura de la desembocadura del río Loa, hice rumbo a este puerto, donde he fondeado a las nueve y media de la mañana de hoy.
Y ansí lo hice hasta agora. Y aunque mochacho, cayóme mucho en gracia, y dije entre mí: “¡Cuantas destas deben hacer estos burladores entre la inocente gente!” Finalmente, estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro meses, en los cuales pase también hartas fatigas, aunque me daba bien de comer a costa de los curas y otros clérigos do iba a predicar.
Y como pensé esto, y si sus lo hubiera dicho, ustedes no hubiesen acertao nunca, pos hice lo que hice y tomé el portante, y no te apures tú por na, prenda mía, que de aquí a dos años no me voy a cambiar yo ni por el capitán general que me ha tocao por mi suerte».
-Por argo hice yo que me prometiera Dolores pagarme daños y perjuicios -exclamaba momentos después la Lechuguina contemplando con filosófica resignación el cántaro hecho pedazos, mientras, corrido y maldiciente, alejábase don Paco coreado por la mal disimulada rechifla de los vecinos, que en el arroyo de la calle comentaban en pintorescas agrupaciones, de modo chispeante y graciosísimo, la corrida en pelo que acababa de sufrir uno de los más caracterizados injertos de chulo y de marqués de los barrios de Andalucía.
Nunca me olvidaré de mi primera novia; fue una cinturilla, delicada, elegante y muy linda; por mí se tiró a una bañera. Luego hubo una plancha que ardía por mi persona; pero no le hice caso y se volvió negra.
Tuve miedo. Corrí a la casa siguiente, e hice sonar veinte veces el timbre en el oscuro pasillo donde debía dormir el portero. Pero no se despertó, y fui más lejos, tirando con todas mis fuerzas de las anillas o apretando los timbres, golpeando con mis pies, con mi bastón o mis manos todas las puertas obstinadamente cerradas.
Según pude entender, no había parecido por allí desde la tarde que le hice la buenaventura; cosa que nada tenía de raro, a lo que me contó uno de mis guardianes.
«El Niño Dios me está diciendo que hice bien, muy bien...» La sonrisa volvió a sus labios, aunque sus ojos estaban anegados en un llanto que no corría.
Y otro día, en saliendo de casa, abro mi paraíso panal, y tomo entre las manos y dientes un bodigo, y en dos credos le hice invisible, no se me olvidando el arca abierta; y comienzo a barrer la casa con mucha alegría, pareciéndome con aquel remedio remediar dende en adelante la triste vida.
La casa no tenía puertas sino en la pieza que habitaba mamá, pues como había dado desde el principio en tener miedo, no hice otra cosa, en los primeros días de urgente instalación, que aserrar tablas para las puertas y ventanas de su cuarto.