hetera

(redireccionado de heteras)

hetera

(Del lat. hetaera < gr. hetaira, cortesana.)
1. s. f. HISTORIA culto Cortesana, en la antigua Grecia.
2. Mujer que mantiene relaciones sexuales por dinero. prostituta

hetera

 
f. En la antigua Grecia, cortesana.
Mujer pública.
Traducciones

hetera

Hetäre

hetera

hétaïre

hetera

etera
Ejemplos ?
Aristóteles, en la Constitución de los atenienses (L, 2), menciona entre las atribuciones específicas de diez magistrados (cinco intra muros y cinco para el Pireo), el ἀστυνόμοι, astynómoi, o cargo de velar por que «las instrumentistas de flauta, de lira y de cítara no sean alquiladas por más de dos dracmas por noche»; queda así claro que los servicios sexuales eran claramente parte del alquiler, cuyo precio, a pesar del control practicado por los astynomes, tiende a ser más elevado cuanto más corre el tiempo. Las heteras constituyen la categoría más alta entre las prostitutas.
La presencia de un demonio alado, de frutas, de vegetación y de un altar hacen creer que podría tratarse de un banquete ritual en honor de una divinidad ligada a la fertilidad, como Artemisa Ortia o Apolo Jacintio. Esparta conocía, sin embargo, a las heteras en la época clásica.
Únicas entre todas las mujeres de Grecia, espartiatas aparte, son independientes y pueden administrar sus bienes. Se conoce el nombre de varias de estas heteras.
En la época helenística, por su parte, se puede citar a Pitónica, compañera de Hárpalo, tesorero de Alejandro Magno, o Tais, compañera del mismo Alejandro y después de Ptolomeo I. Algunas de estas heteras fueron muy ricas.
Las prostitutas evocadas son independientes o heteras: las fuentes no se extienden mucho sobre las esclavas, salvo para considerarlas como bienes que hay que hacer fructificar.
Las prostitutas griegas pertenecían a distintas categorías, dependiendo de diversos factores relacionados con su trabajo: las pornai, las prostitutas independientes y las heteras; además, existía una categoría específica de los templos sagrados, la de las prostitutas sagradas, que se abastecía, habitualmente, de heteras.
Aunque las heteras eran, indudablemente, las mujeres más libres de Grecia, eran numerosas las que deseaban volverse respetables encontrando un marido o un compañero estable: Neera, cuya carrera es descrita en un discurso judicial, llega así a educar a tres niños antes de ser recuperada por su pasado de hetera.
La hetera de lugar es menos exigente, pedigüeña y antojadiza que las Coras, las Baruccis, las Paivas y otras famosas heteras parisinas; pero aquéllas son solas, se diría que nacieron como los hongos, y la lugareña tiene un diluvio de parientes, que se lanza y abate sobre la casa y la hacienda del mantenedor enamorado, como bandada de langostas hambrientas y voraces.
Esta práctica ha sido documentada en Babilonia, Siria y Palestina, en ciudades fenicias y en la colonia tiria de Cartago, y para la Afrodita helénica en Chipre, el centro de su culto, Citera, Corinto y Sicilia. Afrodita es en todas partes la patrona de las heteras y cortesanas.
En su templo de Corinto había un millar de ἱερόδουλοι ἑταἳραι (hieródulas heteras), que fueron la ruina de muchos hombres que visitaban la ciudad, y había también un gran número de la misma clase de mujeres en su templo de Erice, en Sicilia.
Los griegos no tenían tanta necesidad de diseccionar cadáveres (pese a las vivisecciones de Herófilo de Calcedonia, quien trabajó en la helenística Alejandría en tiempos del Imperio romano), para efectuar representaciones figurativas del cuerpo humano como tuvieron que hacer mil quinientos años después los científicos-artistas del Renacimiento. Ya que los antiguos griegos, desde niños, contemplaban los desnudos de sus jóvenes atletas y de sus heteras.
Existen ciertas similitudes entre las heteras griegas y las oiran japonesas, figuras complejas en una situación intermedia prostitutas y cortesanas, de forma similar a las tawaif hindúes.