Ejemplos ?
Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes.
Así la cordera al lobo, así la cierva al león, 505 así al águila con su ala huyen temblorosa las palomas, a los enemigos cada uno suyos: el amor es para mí la causa de seguirte. Triste de mí, no de bruces te caigas o indignas de herirse tus piernas señalen las zarzas y sea yo para ti causa de dolor.
El choque igual se muestra: su ardimiento Manifiestan los dos y esfuerzo apuran Sin herirse, sin ver el vencimiento, Por más que con ahínco lo procuran.
Dos hombres belicosos y señalados entre todos, Eneas e Idomeneo, iguales a Ares, deseaban herirse recíprocamente con el cruel bronce.
No, no nos odiamos aunque nos arranquemos las entrañas, porque el trabajo nos mezcla con una energía superior a las que aparentan dirigirnos, energía gemela de la que hace morderse y herirse a los sexos fecundos.
No le habló más palabras, porque no les daba lugar a ello la priesa que se daban a herirse los enemigos, que al parecer de don Juan debían de ser seis.
Y entrambos luchaban en torno de Cebriones como dos hambrientos leones que en el monte pelean furiosos por el cadáver de una cierva; así los dos aguerridos campeones Patroclo Menetíada y el esclarecido Héctor, deseaban herirse el uno al otro con el cruel bronce.
Tan pronto como se hubieron armado, separadamente de la muchedumbre, fueron a encontrarse en medio del circo, deseosos de combatir y mirándose con torva faz; y todos los aqueos se quedaron atónitos. Cuando se hallaron frente a frente, tres veces se acometieron y tres veces procuraron herirse de cerca.
Cuando alguno, tocando el pandero, os miente por ser mandado; y cuando algún artífice de herirse en las espaldas, ensangrienta con mano suspensa los brazos y los hombros; y cuando alguno, caminando de rodillas por las calles, aúlla; y cuando el viejo, vestido de lienzo, sacando en medio del día el laurel y la luz, da voces, diciendo que alguno de los dioses está enojado, concurrís todos, y le oís, y guardando un mudo pasmo, afirmáis que es varón santo.
El sabio es a quien ningunas injurias ofenden; y así no importa que le tiren muchas flechas, porque tiene impenetrable el pecho, al modo que hay muchas piedras cuya dureza no se vence con el hierro; y el diamante ni puede cortarse, herirse ni mellarse, antes rechaza todo lo que voluntariamente se le opone; y al modo que hay algunas cosas que no se consumen con el fuego, antes conservan su vigor y naturaleza en medio de las llamas; y al modo que los altos escollos quebrantan la furia del mar, sin que en ellos se vean indicios de la crueldad con que son azotados de las olas; de esta misma suerte, el ánimo del varón sabio, estando firme y sólido, y prevenido de sus fuerzas, estará seguro de las injurias como las cosas que hemos referido.
Le habían contado que en un circo, en Iquique, había una mujer muy grande, muy obscura, a la cual llamaban la Mora. Venía de muy lejos y jugaba con puñales que tiraba muy arriba y recibía en las manos sin herirse.
con su caballo gravemente herido y viéndose con las manos desnudas tras romper la lanza y perder accidentalmente la espada, se dirigió a las enormes piedras con las que se había señalado el término del campo y empezó a arrojarlas brutalmente contra los caballeros franceses, ante el asombro de la multitud y de los propios jueces, que parecían rememorar «las luchas de los héroes en Homero y Virgilio, cuando rotas las lanzas y las espadas, acuden a herirse con aquellas enormes piedras...