herético

(redireccionado de heréticas)
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herético, a

(Del occitano ant. eretge < bajo lat. haereticus < gr. hairetikos, partidista, sectario.)
adj. RELIGIÓN, SOCIOLOGÍA De la herejía o del hereje movimientos heréticos.
NOTA: También se escribe: heretical

herético -ca

 
adj. Relativo a la herejía o al hereje.

herético, -ca

(e'ɾetiko, -ka)
abreviación
que contiene o implica una herejía El arrianismo fue una doctrina herética.
Traducciones

herético

ketzerisch

herético

heretic, heretical

herético

eretico

herético

hérétique

herético

ketter

herético

异教徒

herético

異教徒

herético

Kætter

herético

異端者

herético

ADJheretical
Ejemplos ?
Cesáreo Rodrigo Rodríguez denunció al escritor por "herejías y ataque a la religión" y publicó un edicto condenando el libro de Curros por contener proposiciones heréticas, blasfemas y escandalosas.
En el concilio de Constanza se desarrollaron en especial modo tres argumentos o causas: la causa de la unión, por la que se intentó poner fin al gran cisma; la causa de la fe, por la que se condenaban las doctrinas heréticas de Wiclif y Hus, entre otros; y la causa de la reforma de la Iglesia.
La llegada de la filosofía griega al campo de influencia del islam no fue directa, sino que tiene que ver con los cenobios cristianos en la península arábiga y los pertenecientes a ideologías consideradas heréticas y que utilizaban la filosofía griega no como un fin, sino como un instrumento que les servía para sus especulaciones teológicas (como los monofisistas o los nestorianos), pero es por el interés utilitarista en la medicina griega cuando empiezan a hacerse traducciones al persa que después pasarían tardíamente al árabe.
En 1775 se le abrió proceso inquisitorial por haber sostenido ciento veintiséis proposiciones heréticas entre las cuales dice un biógrafo que «había muchas exactas si bien otras eran impertinentes, tales como haber defendido el sistema de Copérnico y haber prohibido en las colonias que se tocasen las campanas a muerto, para que no se abatiese el ánimo de los pobladores que diariamente diezmaban la peste».
Pero el hecho más relevante de su pontificado fue su enfrentamiento con su homónimo, el obispo de Alejandría, Dionisio, a quien exigió que aclarase su posición sobre la acusación que pesaba contra él de haber hecho unas declaraciones heréticas respecto a la doctrina trinitaria al defender el triteísmo, doctrina que propugnaba la separación de la tres personas de la Trinidad en tres deidades distintas.
Así en 1139, Guillermo de Saint-Thierry encontró 19 proposiciones supuestamente heréticas de Abelardo y Bernardo de Claraval las remitió a Roma para que fuesen condenadas.
Registraron su alojamiento, pero en vez de la evidencia que esperaban encontrar lo que hallaron fue un texto arrianista que uno de los investigadores describió como "viles mentiras heréticas negando la eterna deidad de Jesucristo nuestro Señor y Salvador, encontrados entre los papeles de Thos.
Entre los 59 o 60 cánones decretados, varios apuntaron a: Limitar los privilegios de los neófitos, Limitar los deberes de la clerecía menor, Limitar cualquier trato con cosas heréticas, Limitar la judaización entre los cristianos.
Por otro lado, Milton abandonó su campaña de legitimización del divorcio después de 1645, aunque defendió la poligamia en De doctrina christiana, un tratado que no fue publicado y que expone muchas ideas heréticas.
A pesar de que podemos decir sin rodeos que Milton es claramente protestante, también muestra conocimientos en otras teorías políticas que lo separan de los cristianismos más ortodoxos; un ejemplo de esto puede ser el rechazo que profesa al concepto de la Santísima Trinidad al considerar que el hijo era subordinado al padre, una doctrina conocida como Arrianismo y que a su vez está muy relacionada con el Socinianismo (la creencia de que Jesús no tiene naturaleza divina, que hoy se puede encontrar en el Unitarismo). Otra de las opiniones «heréticas» de Milton, ilustrada en El paraíso perdido, es la creencia que el alma muere con el cuerpo.
Contra la lectura pública del edicto de fe se levantaron algunas voces, como la de Francisco de Borja, porque con su minuciosa descripción de las creencias y las conductas heréticas paradójicamente podían difundir la herejía allí donde nada se sabía de ella -un inquisidor del tribunal de Logroño escribió en 1611 al Consejo de la Suprema Inquisición que en su distrito no se conocía la brujería hasta que se empezó a hablar de ella—.
l edicto de fe era una proclama solemne en la que, después de enunciar de forma exhaustiva las prácticas que se consideraban heréticas o contraria a la fe católica, se conminaba a los habitantes de una ciudad o de un pueblo "visitados" por los inquisidores, bajo pena de excomunión, a que denunciaran a aquellos vecinos que hubieran incurrido en herejía.