hediondo

(redireccionado de hedionda)
También se encuentra en: Sinónimos.

hediondo, a

(Del lat. vulgar foetibundus.)
1. adj. Que huele mal cada verano tienen que sufrir un río hediondo cerca de su casa. fétido, maloliente, pestilente
2. Que causa repugnancia. asqueroso, obsceno, repugnante decoroso
3. Que es molesto o fastidioso. cargante, incordiante, insoportable, insufrible atractivo, simpático
4. s. m. BOTÁNICA Arbusto leguminoso de flores amarillas, hojas compuestas y fruto en vainillas negras, que despide un olor desagradable y crece en la península Ibérica.
NOTA: Nombre científico: (Anagyris foetida.)
NOTA: También se escribe: hediento

hediondo, -da

 
adj. Que arroja de sí hedor.
fig.Sucio, repugnante, obsceno.
Molesto, enfadoso.
m. bot. Arbusto de la familia papilionáceas (Anagyris foetida), de olor desagradable. Tiene las hojas trifoliadas y las flores amarillas. El fruto es una legumbre.

hediondo, -da

(e'ðjondo, -da)
abreviación
1. aromático que desprende un olor desagradable e intenso En matadero había un olor hediondo a carne podrida.
2. que repugna en lo físico o en lo moral una conducta hedionda
Sinónimos

hediondo

, hedionda
Traducciones

hediondo

ADJ
1. (= maloliente) → stinking, foul-smelling
2. (= asqueroso) → repulsive
3. (= sucio) → filthy
4. (= obsceno) → obscene
5. (= inaguantable) → annoying, unbearable
Ejemplos ?
Teresa tiene sesenta y dos años, parece un esqueleto, sin pelo ni dientes, boca hedionda, el culo acribillado de heridas y con un agujero muy ancho.
Entró el Verderón, y su boca hedionda, de alcohólico, comenzó a disparar pullas picantes, a glosar, en el vocabulario de la taberna, los pantalones y los corsés, las prendas íntimas, florecidas de azahar...
Hizo patente él también que cuanto bello en Alcina había falso era: falso, y no real, del pie al cabello; quedó la hedionda hez, y huyó lo bello.
Hagamos a un lado toda manía, os concederé tanto como queráis que aquel que quiere una boca hedionda sólo obra por depravación, pero concededme por vuestra parte que una boca sin el más mínimo olor no da ninguna clase de placer al besarla.
Y los esclavos que tienen que ungirme de aceite, ¿dónde se han metido? En lugar de recibirme jovencitos con orinales, me atiende una vieja desdentada y hedionda.
Cuánta desolación. La claridad azul remachaba en el alma la monotonía de toda nuestra vida, cavilaba hedionda, taciturna. Desde afuera oíase el canto triste de una rueda de niños: La torre en guardia.
He de advertir que la cocina, lugar de nuestras expansiones, estaba enfrentada a una letrineja hedionda, era un rincón de la caverna, tapiado a las espaldas de las estanterías.
Rosa nacida entre abrojos, ¿Qué esperas del mundo, di? Una brisa corrompida, Fétida, hedionda, te mece, Tu aroma se desvanece.....
En aquella bruma hedionda los semblantes afirmaban gestos canallescos, se veían jetas como alargadas por la violencia de una estrangulación, las mandíbulas caídas y los labios aflojados en forma de embudo; negros de ojos de porcelana y brillantes dentaduras entre la almorrana de sus belfos, que le tocaban el trasero a los menores haciendo rechinar los dientes; rateros y «batidores» con perfil de tigre, la frente hundida y la pupila tiesa.
(Os ruego no me tachéis de apasionado porque CERVANTES me haya dedicado muchas de sus bellas páginas.) Si en la extremada pobreza, engendradora del hambre, la miseria y las desgracias, que al infeliz de contínuo acosan, un humilde hijo mío ha sabido elevar hasta mi sus cantos y armonizar sus acentos, al ofrecerme un tributo mucho más bello y precioso que mi carro reluciente é indómitos caballos; si en la hedionda mazmorra, funesto encierro para mi alma que á volar aspira, su bien cortada pluma supo verter raudales de deslumbradora poesía, mucho más agradables y ricas que las linfas del dorado Pactolo, ¿por qué le hemos de negar la superioridad y no darle la victoria cuál á ingenio el más grande que los mundos vieron?
Con su retrato en la mente, Con su nombre en el oído, Vengo a prosternar mi frente Ante el Dios omnipotente, En la mansión del olvido. ¡Mi crimen acaso ven Con turbios ojos inciertos, Y me abominan los muertos, Alzando la hedionda sien De los sepulcros abiertos!
Y desde que, a instigación de Esperanza, su prima, hizo la oferta para la romería del Cristo de Androsán, el martirio arreció: cordeles de fuego la flagelaban; manos de hierro la esgañían: fríos sapos corrían entre las sábanas de estopa de su lecho; culebras se enroscaban a sus tobillos, y por detrás de su cabeza, cuando se sentaba a comer el caldo, una bruja hedionda venía diariamente a escupir en la cunca...