Ejemplos ?
¡No en licor negro, en encendido lloro, o de mi corazón en tinta roja, menester fuera humedecer la pluma, para decirte la sin par congoja, el duelo inmenso que por ti me abruma: violento usurpador de mi albedrío que, apenas te miré, ya no fue mío, quedando de improviso en tanto grado la voluntad de tu belleza sierva, cual si me hubieras pérfido hechizado, con el veneno de amorosa yerba!
El fanático don Pedro Antonio de Castro y Andrade, conde de Lemos, marqués de Sarriá y de Gátiva y duque de Taurifanco, que cifraba su orgullo en descender de San Francisco de Borja, y que, a estar en sus manos, como él decía, habría fundado en cada calle de Lima un colegio de jesuitas, apenas fue proclamado en Lima como representante de Carlos II el Hechizado, se dirigió a Puno con gran aparato de fuerza y aprehendió a Salcedo.
Pedro de Peralta escribió con el título de Desvíos de la naturaleza un curioso libro, en que, a la vez que hace una minuciosa descripción anatómica del monstruo, se empeña en probar que estaba dotado de dos almas. Muerto Carlos el Hechizado en 1700, Felipe V, que lo sucedió, recompensó al conde de la Monclova haciéndolo grande de España.
Y la siniestra multitud continuaba arrastrándose, lenta, dolorosa, en una lúgubre pantomima, bajando la pendiente como un hormigueo de escarabajos negros, sin hacer jamás el menor ruido, en un silencio profundo, absoluto. En vez de oscurecerse, el hechizado paisaje comenzó a iluminarse.
¡Sí, madre! Yo no creí que fuese cierto tu aviso; tan hechizado lo vi, que al principio para mi era el mundo un paraíso. Así viví sin temor, disfrutando los placeres del mundo tan seductor; en él encontré el amor al encontrar las mujeres.
Hice lo posible para consolar a la madre, y cuando el chiquillo exhaló el último aliento, la señora, en vez de acusarme, me advirtió que ya sabía de antemano que yo no podía curar a su hijo..., porque estaba hechizado.
Según reales cédulas de 1713 y 1773, el derecho fiscal se fijó en 40 pesos por cabeza, en lugar de los 80 ducados que se pagaban en los tiempos de Carlos I de España y de sus sucesores los Felipes hasta Carlos el Hechizado.
Entonces, cuando yo vi esto, aunque no estaba encantado y hechizado, pero estaba atónito y fuera de mí al ver tal hazaña, y parecíame que otra cosa era yo y que no era Lucio.
No solo aprendia con facilidad cuanto se le enseñaba, sino que mostraba el corazon mas noble y mas sensible, un gusto natural de todo lo bueno, y un particular instinto para sentir y abrazar todo lo que era honrado y honesto. El padre estaba tan hechizado de las prendas de su hija, que cada dia la admiraba mas, y no sabia separarse de ella.
Las palabras de mis padres o de mis maestros no embonaban con esta extraña búsqueda de entrega. En cada una de las muchachas que conocía trataba de encontrar a la que así me había hechizado.
Más de cuatro veces he estado apique de tirar por la ventana el demontre del dije, ¡rayo!, porque tiene una virtud, o como se le quiera llamar, que...; en fin, serán aprensiones..., ¡retoño!, pero yo creo que está hechizado...
Se llamaba Ingénu, y era el mejor príncipe del mundo; pero el rey, su hermano, que se llamaba Fourbin, no se le parecía pues sólo encontraba placer en engañar a sus vecinos y maltratar a sus súbditos. Ingénu quedó hechizado por la belleza de Aurore, y le dijo que se consideraría muy dichoso si aceptaba casarse con él.