hecatombe


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hecatombe

(Del gr. ekatombe, sacrificio de cien bueyes u otras reses.)
1. s. f. Catástrofe que provoca gran número de víctimas la hecatombe asoló la costa oriental. desastre, carnicería, masacre
2. Suceso, hecho desgraciado o desastroso las pruebas nucleares de ayer fueron una hecatombe. desastre, catástrofe
3. HISTORIA Sacrificio ritual de cien víctimas, especialmente de cien bueyes, entre los antiguos griegos y romanos.

hecatombe

 
f. Sacrificio de cien víctimas que hacían los paganos a los dioses.
Sacrificio solemne en que hay muchas víctimas.
fig.Matanza (mortandad).
fig.Desgracia, catástrofe.

hecatombe

(eka'tombe)
sustantivo femenino
1. sacrificio religioso con gran número de víctimas Hecatombe significa literalmente "sacrificio de cien bueyes".
2. suceso trágico en el que hay mucha destrucción material y muchas víctimas El terremoto que devastó la región fue una hecatombe trágica.
Traducciones

hecatombe

hecatomb

hecatombe

hécatombe

hecatombe

hecatombe

hecatombe

hekatomba

hecatombe

hecatombe

hecatombe

hekatomba

hecatombe

ecatombe

hecatombe

SF
1. (= catástrofe) → disaster
¡aquello fue la hecatombe!what a disaster that was!
2. (= carnicería) → slaughter, butchery
3. (Hist) → hecatomb
Ejemplos ?
La luz melancólica del atardecer daba tonos tristes al aposento; Rosalía, atenta al menor rumor, no apartaba los ojos de la puerta; la impaciencia adquiría en ella trágicas manifestaciones; comprendía que su fin se acercaba, se lo profetizaba la silenciosa hecatombe que dentro de ella tenía lugar...
Pedí las reformas con toda la energía de que era capaz: afirmé constantemente que una ley histórica, tan antigua como la humanidad, nos enseña que la reforma retardada y resistida trae siempre como consecuencia la revolución y la hecatombe.
Destapó el carcaj y sacó una flecha nueva, alada, causadora de acerbos dolores; adaptó a la cuerda del arco la amarga saeta, y votó a Apolo Licio sacrificarle una hecatombe perfecta de corderos primogénitos cuando volviera a su patria, la sagrada ciudad de Zelea.
Ahora, ea, botemos una negra nave al mar divino, reunamos los convenientes remeros, embarquemos víctimas para una hecatombe y a la misma Criseida, la de hermosas mejillas, y sea capitán cualquiera de los jefes: Ayante, Idomeneo el divino Odiseo o tú, Pelida, el más portentoso de los hombres, para que aplaques al Flechador con sacrificios.
Entonces cobró ánimo y dijo el eximio vate: —No está el dios quejoso con motivo de algún voto o hecatombe, sino a causa del ultraje que Agamemnón ha inferido al sacerdote, a quien no devolvió la hija ni admitió el rescate.
El brigadier don Mateo Ramírez, de feroz memoria, sembró cadáveres de mujeres y niños y hombres inermes en el trayecto que conduce de la portada del Callao a las plazuelas de la Merced y San Marcelo. Las viejas de Lima se estremecen aún de horror cuando hablan de tan sangrienta hecatombe.
En vano mi padre Peleo te hizo el voto de que yo, al volver a la tierra patria, me cortaría la cabellera en tu honor y te inmolaría una sacra hecatombe de cincuenta carneros cerca de tus fuentes, donde están el bosque y el perfumado altar a ti consagrados.
Este arrojo al momento y con vigor una flecha, sin ofrecer a Apolo una hecatombe perfecta de corderos primogénitos; y si bien no tocó al ave —negóselo Apolo—, la amarga saeta rompió el cordel muy cerca de la pata por la cual se había atado a la paloma: ésta voló al cielo, el cordel quedó colgando y los aqueos aplaudieron.
En cambio, deje que le pregunte a mi vez, señor Aguirre: ¿Por qué su silencio, el de usted y el de sus adictos, ante esta verdadera hecatombe de sacerdotes y religiosos, flor de intelectualidad y santidad de nuestra clerecía, que en la España roja han sido fusilados, horriblemente maltratados, por muchos miles, sin proceso, por el único delito de ser personas consagradas a Dios?
No se le cumplió el gusto, y, dominado el motín, don Pedro siguió paseándose por Marineda, tan orondo, alborotando con la reorganización de la milicia. Tampoco se le logró el deseo a don Juan dos años después, fecha de la famosa hecatombe de Carral.
¡Con qué placer os estudiaré, monstruosas máquinas de guerra, cuyo acero donde estalla la mezcla explosiva, derrama la lluvia de proyectiles en el campo enemigo y siembra la muerte en las filas destrozadas; granadas de fulminantes picratos y que al estallar reducíais los piafantes caballos y los cuerpos de los jinetes a informes despojos sangrientos; cómo inquiriré los secretos de vuestra estrategia, las sutilezas de vuestra táctica, sombras de monstruos a quienes la humanidad degradada venera, legendarios Molochs, Alejandros, Césares, Aníbales, Bonapartes, al pie de cuyos altares enrojece el suelo la hecatombe humana y humea como un incienso el humo de las batallas!
Dijo, y puso en sus manos la hija amada, que aquél recibió con alegría. Acto continuo, ordenaron la sacra hecatombe en torno del bien construido altar, laváronse las manos y tomaron harina con sal.